Sin duda una de las noticias más importantes de este primer trimestre de 2007 ha sido la decisión del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de nacionalizar tres sectores considerados por este mandatario como claves para el desarrollo del país: las telecomunicaciones adquiriendo el control de Cantv, algunos activos petroleros y a la empresa eléctrica Electricidad de Caracas (EDC).

Los días después del anuncio, el mercado quedó convulsionado por esta decisión, pues muchos especularon con la posibilidad de que el gobierno fuese simplemente a realizar un ejercicio de expropiación unilateral dejando a todos los accionistas con un palmo de narices.

Finalmente estos temores no se produjeron y el Ejecutivo ha ido llegando a acuerdos para adquirir las participaciones necesarias a precios “razonables” de los activos que perseguía.

En el caso del sector eléctrico no hay tampoco muchas vueltas que darle al asunto. Los detalles son simples, el Gobierno mediante la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) se ha hecho con el 82 por ciento de EDC, que antes estaba en manos de la norteamericana AES por unos 740 millones de dólares. Esta cifra se calculó pues el gobierno estimó el valor de la compañía en 900 millones de dólares.

Así pues AES deja un mercado del cual no quería salir, pues como declaraba su presidente y CEO, Paul Hanrahan, no tenían intención de abandonar este mercado. A pesar de que AES pagó en el año 2000 cerca de 1,700 millones de dólares por su participación en EDC y que durante este periodo había invertido 600 millones de dólares, Hanrahan considera que el proceso “ha sido justo”.

¿Y cómo queda el sector eléctrico después de esta maniobra? Pues parece normal que algunos agentes externos enciendan algunas alarmas con respecto al desarrollo de este mercado en lo que respecta a futuras inversiones en infraestructura. Sin embargo, hay que ver que el Estado ya poseía el 72 por ciento de los activos de generación de este país y que la empresa adquirida, EDC, sólo contaba con el 14 por ciento del total de generación aproximadamente o 2.616 MW y tenía una cartera de un millón de clientes en Caracas. Es decir, la responsabilidad de la situación actual del sector en cuanto a generación estaba en las manos del propio gobierno, ahora ha aumentado un 14 por ciento más.

Por ello, es prematuro asegurar que un mercado que no ha recibido las inversiones necesarias en el sector eléctrico estando EDC en manos privadas ahora vaya a sufrir un retroceso debido a la nacionalización. Las implicaciones para Venezuela son relativamente sencillas, las nuevas inversiones caerán sobre PDVSA y serán financiadas con los recursos de esta empresa resultantes de la venta de petróleo en los mercados internacionales.

El plan, si sale bien, es lícito y hasta podría ser acertado si verdaderamente Chávez consigue que se realicen las inversiones necesarias en el sector con fondos públicos.

Otro tema, son las repercusiones colaterales en otras industrias y la incertidumbre que estas nacionalizaciones han podido provocar en la comunidad internacional de inversionistas para emprender nuevos proyectos en este mercado. Este daño posiblemente sea muy superior al que sufrirá el sector eléctrico, que sigue como estaba: necesitado de nueva inversión para poder abastecer la demanda.

Rafael A. Junquera
Editor