La región cuenta con 550 MW de capacidad eólica en la actualidad se espera que en la próxima década se instalen 10.000 MW

La energía eólica venerada y utilizada con asiduidad en mercados maduros como el alemán, español o estadounidense, está llegando con paso pequeño pero firme a la región. Sin embargo, a pesar de su escuálida utilización actual, pues Latinoamérica cuenta tan sólo con 550 MW de capacidad eólica instalada, según datos de Latin American Wind Energy Association (LAWEA), el potencial estimado de la región, aprovechándose todos sus recursos, está estimado en 300.000 MW.

Y aunque alcanzar esta cifra es una proposición utópica donde las haya, LAWEA estima que para la próxima década se añadirán 10.000 MW de esta energía gracias al impulso de países como Brasil y Chile que ya han estipulado incentivos y obligaciones para que se incremente el uso de las energías renovables en sus respectivos mercados. En México, sin dichas obligaciones, la energía eólica también se abre camino con paso firme.

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Y es que terminando la presente década se están dando una serie de condicionantes que inducen a ser optimistas en cuanto al uso de esta fuente de energía. Por un lado, no hay país en la región que no tenga una necesidad urgente de realizar esfuerzos importantes para incrementar la capacidad de su parque de generación. Esta necesidad se junta con una disyuntiva internacional poco favorable relacionada con los precios de los combustibles fósiles.

Es ampliamente conocido que Latinoamérica cuenta con una matriz divida entre energía hidroeléctrica y térmica. La primera ya ha causado más de un disgusto en países como Brasil y Chile en épocas de pocas lluvías. Y la segunda, los causa en la actualidad en todos aquellos países que deben exportar combustibles fósiles adquiridos en los mercados internacionales.

Esta situación, con respecto a las fuentes de energía que rigen en la región, se tropieza con un factor político por el cual los diferentes gobiernos quieren desvincularse al máximo posible de los mercados de hidrocarburos que tanto les asfixian. De ahí que la energía hidroeléctrica siga siendo exprimida al máximo en la mayoría de países.

Sin embargo, la experiencia es un grado y ya ha dictaminado que la hidroelectricidad en solitario no es la respuesta a los problemas enérgeticos, por más que sea autóctona y no depende de agentes externos. La hifroelectricidad debe ser complementada con otras alternativas renovables que aprovechen otros de los recursos propios que muchos de los mercados tienen a su disposición.

Y ahí, es donde la energía eólica entra en escena. Con tecnologías que han mejorado en los últimos años incrementando su eficiencia generadora y con precios de hidrocarburos que convierten a las plantas térmicas en una losa casi insostenible, los parques eólicos han incrementado repentinamente su competitividad a nivel mundial hasta tal punto que hasta los, en su día, temerosos inversionistas empiezan a apostar sus recursos a los molinos de viento.

Según Mauricio Andrés Trujillo, director ejecutivo de LAWAE, el interés por los parques eólicos en América Latina es significativo a pesar de los pocos MWs instalados en la actualidad, pues este tipo de centrales siguen emergiendo incluso en mercados que no cuentan con un marco regulatorio propicio para su construcción.

A pesar de que en la mayoría de países no existe una regulación que fomente directamente el uso de estas centrales de generación, hay países que sí han realizado importantes maniobras para que las renovables no convencionales empiecen a ser parte de la matriz energética. Estas ayudas estatales aún son necesarias, a pesar de las favorables condiciones para el desarrollo de los parques eólicos.

Y en este sentido, Brasil es el primer referente en la región gracias a su programa Proinfa, creado por el gobierno para incentivar el uso de fuentes de energía renovable no convencionales. Curiosamente, las pequeñas centrales hidroeléctricas y los parques eólicos han sido los más favorecidos por esta iniciativa gubernamental, que entre otras cosas promovía ayudas financieras a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES) y contratos a largo plazo de la energía generada con Eletrobras.

Brasil además de contar con estos incentivos, cuenta con una amplia fuente de recursos eólico por explotar. Según la Asociación Brasileña de Energía Eólica (ABEEolica), Brasil cuenta con una capacidad eólica instalada de 247 MW. Uno de los buques insignia de este mercado es el parque eólico que se conoce como Osorio, un complejo de tres parques con 50 MW de capacidad instalados para sumar un total de 150 MW, utilizando turbinas de 2 MW de la empresa nacional ENERCON. Este proyecto se llevó a cabo bajo el esquema de Proinfa y, además, obtuvo la certificación de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), otra alternativa de financiación externa que permite que muchos proyectos eólico en Latinoamérica sean viables.

ABEEolica espera que la energía eólica aumente hasta los 1.400 MW para finales de 2009. Este objetivo no se considera optimista, pues ABEEolica estima que Brasil cuenta con un potencial de 143.000 MW de capacidad eólica.

Esta asociación lleva cierto tiempo intentando convencer al Ministerio de Minas y Energía de este mercado para que realice licitaciones exclusivas de energía eólica. Esta incitativa se ha encontrado con la reticencia ministerial que dice no tener claro si esta fuente de energía puede ser competitiva en cuanto a precios con las alternativas existentes–especialmente debido a las grandes hidroeléctricas que proveen electricidad a muy bajo costo–.

Al margen de estas divergencias entre asociación y ministerio, Brasil es un país puntero en cuanto a este tipo de energía hasta tal punto que incluso cuenta con la única empresa, ENERCON, que manufactura aerogeneradoras, muchos de las cuales son exportados a otras regiones en Latinoamérica del mundo.

Trujillo considera que Brasil está perdiendo una gran oportunidad con la energía eólica, no sólo porque cuenta con recursos para su implementación y un marco favorable, sino porque tiene la oportunidad de crear una industria local que abastezca las necesidades del mercado interno pero también las del resto de países de la región. Esta oportunidad es tan real que al no ser aprovechada ha dejado la puerta abierta para que otras empresas de Argentina se sumen a la fabricación de molinos de viento.

La oportunidad además no es sólo un fenómeno en Latinoamérica. Según Trujillo en estos momentos hay un desbalance entre la oferta y la demanda, que provoca que si un promotor solicita equipos “hoy” tenga que esperar hasta dos años para recibir los aerogeneradores. Esto a su vez, dice Trujillo, dispara al alza los precios de estos productos, por lo que crea un marco ideal para el desarrollo de esta industria en la región tanto para cubrir la demanda regional como internacional.

Después de Brasil, México, cuya eterna discusión sobre la reforma del sector no le deja ver más allá, puede, aún así, convertirse en un claro referente en materia de energía eólica en la región. Para empezar las necesidades energéticas de su país vecino, Estados Unidos, y las agresivas campañas para el uso de energías renovables del Estado de California–gobernado por “The Terminator”–ya ha provocado que Unión Fenosa se movilizase para la construcción de un parque eólico, La Rumorosa, de 500 MW de capacidad y una inversión de 600 millones de dólares.

Además de este parque eólico, la empresa Sempra Energy, planea la construcción de otro parque de 250 MW que requerirá una inversión estimada de 200 millones de dólares.

Estos dos proyectos se unen a proyectos que ya están en funcionamiento como el parque eólico La Venta II en Oxaca. Este parque cuenta con una capacidad instalada de 83,3 MW y ofrece el 13 por ciento de la demanda de energía eléctrica de Oxaca–o unos 70.000 hogares–.

Por último, Chile acaba de oficializar una nueva ley destinada a impulsar las energías renovables no convencionales en el país, pues en estos momentos la participación de éstas es difícilmente catalogada de anecdótica.

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A pesar de que estos tres países se están movilizando y de que los parques eólicos están siendo desarrollados en muchos otros países como Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador, entre otros, todavía quedan muchas barreras a superar para que Latinoamérica aproveche un recurso, que si bien no tiene la capacidad de rescatar a ningún país de sus problemas de escasez de generación, puede ser un contribuidor estratégico a un desarrollo sostenido de las matrices de generación de la mayoría de países latinoamericanos.