Cerramos un, financieramente hablando, accidentado 2008. Durante estos doce meses el mundo occidental ha pasado de la bonanza absoluta a una estado de pánico financiero desconocido por la humanidad hasta la fecha. Decían economistas que las soluciones de esta crisis son difíciles de determinar porque no hay un antecedente histórico parecido; afortunadamente la crisis del 29 tampoco sirve de ejemplo, son otros tiempos.

Y nos estamos ya adentrando en 2009, año donde deben padecerse todos los síntomas de la enfermedad que se nos acaba de manifestar. Europa y Estados Unidos entrarán en una irremediable recesión económica que afectará de diferentes formas a los diferentes mercados emergentes y sus sectores, entre ellos el de la electricidad.

Las señales son contradictorias. El precio del petróleo sigue bajando, a la vez que las monedas de algunos mercados latinoaméricanos se debilitan, por lo que la ganancia, por un lado, se pierde, por el otro.

Hay países latinoamericanos que han mostrado importantes indices de crecimiento económico como Chile, Perú o México, por nombrar algunos. Esto ha puesto mucha presión sobre la generación de energía eléctrica en los últimos años. En 2009 estos países deben seguir con sus planes de expansión de sus matrices. Sin embargo, vemos que el acceso a crédito para centrales eléctricas, en algunos mercados se hace esquivo y en otros, donde era posible encontrarlo, van a ver reducido el número de ofertantes de dinero para nuevos proyectos. Por este lado se puede perder.

Por otro lado, si las economías se ralentizan, la presión sobre la capacidad instalada puede verse en cierto modo aliviada, eliminando una inminente necesidad de poner en marcha nuevas centrales.

No hay que engañarse, el 2009 se presenta como un año de retos, pues a los añadidos del sector pre crisis económica hay que factorizar ahora el nuevo escenario global.

Las energías renovables y la energía nuclear, dos temas de moda en la región—el primero por su auge y el segundo por el debate—, pueden también notar la recesión mundial, retrasando la puesta en marcha de más proyectos renovables y aparcando el debate de las nucleares hasta que las condiciones económicas mejoren y los mercados vuelvan a poner presión al sistema con un aumento en el consumo.

Por tener un espíritu positivo antes de acabar el año para poder comer el turrón con alegría, los entes públicos pueden tener un período de gracia para poder planear la expansión del sector a partir del 2010-2011, sin prisas. Hasta la fecha hay la sensación de que las estrategias se hacen en modo reactivo y no planeado.

Aprovecho el último número del año para desearles unas felices Fiestas de Navidad y un prospero año 2009. Nos vemos nuevamente en marzo del año que viene.

Saludos,


Rafael A. Junquera
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