Rafael A. Junquera

El sector de la energía eléctrica en Latinoamérica está aguantando el temporal de la crisis financiera de forma notable y la puesta en marcha de nuevos proyectos en casi todos los mercados está asegurada.

La industria de la energía eléctrica tiene una fuerte dependencia de la financiación local e internacional para llevar a cabo proyectos de todo tipo. Podría pensarse que la crisis financiera global ha cortado el flujo de capital hacia proyectos aprobados o incluso para futuros proyectos que están siendo estudiados y planeados. Sin embargo, esta lógica no aplica al sector, entre otras cosas porque los flujos de financiación para proyectos en Latinoamérica ya eran complicados, por lo que la adversidad a la hora de conseguir capital era un factor con el que se convivía antes del colapso financiero internacional.

Este podría ser un argumento de peso para explicar el por qué se siguen anunciando nuevos proyectos y la actividad no se ha frenado en la región con respecto a años anteriores.

Más importante aún que aguantar la embestida de la crisis, es comprobar que, por si fuera poco, los proyectos que se están anunciando en los últimos tiempos apuntan a soluciones y tecnologías acordes con las tendencias mundiales.

Por ello, cada vez más abundan los proyectos relacionados con las energías renovables. La energía eólica, por ejemplo, está sufriendo un impulso inusitado en muchos mercados como México, Brasil, Chile o Argentina. No son los únicos, y países centroamericanos también están por apalancarse en esta fuente para evitar depender de los precios de los combustibles fósiles.

Tampoco hay que olvidar a las pequeñas centrales hidroeléctricas, que pueden aprovechar muchos de los recursos hídricos en Latinoamérica para abastecer de forma sustentable a pequeñas localidades con limitado acceso a energía eléctrica.

Las grandes centrales hidroeléctricas e incluso centrales nucleares siguen adelante a pesar de la crisis y su puesta en marcha está garantizada en casi todos los mercados donde estos grandes proyectos se están llevando a cabo.

Este panorama es de gran importancia pues asegura que la disponibilidad de energía no será un freno para el crecimiento económico que sufrirá el planeta a partir de, posiblemente, 2012 y Latinoamérica puede estar en condiciones no sólo de aprovechar ese crecimiento sino de desarrollar industrias como la de la construcción de equipos eólicos y solares gracias a los esfuerzos que se están llevando a cabo para que centrales con estas tecnologías entren en operación en los próximos dos años.

No sería positivo, de todas formas, que los mercados de la región se relajaran ante este panorama, que de momento sólo augura un futuro algo más estable que el vivido en los últimos años con fuertes crisis energéticas en varios países de la región, entre ellos, Brasil, Chile o Argentina. De hecho, algunos países siguen estando al borde de una crisis que el frenazo económico puede haber ayudado a evitar. Se siguen necesitando planes a largo plazo que diversifiquen varias de las matrices con la combinación adecuada de energías renovables, aprovechamiento de recursos locales e integrarse a la parte globalizada que más convenga.

Rafael A. Junquera
Editor