Latinoamérica es actualmente una de las regiones más dinámicas en cuanto a gas natural se refiere del mundo. Las circunstancias, en términos de recursos de gas natural, están haciendo replantear las políticas regionales, desviándolas del la generación de energía de plantas hidroeléctricas o a petróleo por plantas de gas.

Estas reservas—y las que quedan por encontrar—combinadas con la apertura de muchos de los principales mercados de América Latina han atraído fuertes sumas de capital extranjero para el desarrollo, exploración y producción de plantas a gas. A su vez, la cada vez mayor inversión en este tipo de plantas y el comercio de energía entre países de la región también ha estimulado la creación de importantes gasoductos.

Sin ir más lejos, el cono sur, por ejemplo, está conectado a través de gasoductos y se espera que con los proyectos que están ya en construcción, y los planeados, la región entera quede bien comunicada en este aspecto. Esta posibilidad es de gran relevancia debido a las disparidades en la demanda y la oferta de muchos de los países.

Entre Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela cuentan con el 80 por ciento de las reserves de gas de la región. Argentina es un exportador neto de gas y cuenta con el mercado de gas más maduro de Latinoamérica. Esta madurez proviene de ser éste el país pionero en la privatización de las empresas de energía estatales. Mientras, Bolivia, por su localización geográfica y sus reserves de gas, es el punto idóneo para centrar la integración regional.

Brasil, el Mercado de mayor importancia el la región, no cuenta con una alta penetración de gas. Aún así, las circunstancias y su dependencia de la energía hidroeléctrica harán que las importaciones de gas incrementen de manera significativa en el futuro cercano, promoviendo el desarrollo en países vecinos, como el mencionado caso boliviano.

Ahora bien, todos estos acontecimientos positivos y los desarrollos no llegarán a ninguna parte si la clase política no toma conciencia e implementa políticas que favorezcan a la industria, lo que se consigue con unas instituciones políticas independientes y robustas, así como asegurando políticas fiscales y de regulación acorde con las normas internacionales.

Además de promover políticas que atraigan la inversión extranjera, situación que es una consecuencia de lo antes mencionado, no estaría de mas que la región se establecieran unas reglas comunes para crear un ambiente de estabilidad, especialmente en los principales mercados—como todos ya sabemos son precisamente los países importantes los que menos están cumpliendo estas premisas.

“Si Argentina quiere mantener la confianza de los inversionistas no debe levantar barreras de entrada artificiales al comercio y la inversión. Debe reconsiderar el elevar los impuestos sobre el petróleo, entre otros”, dijo David O’reilly, presidente de Chevron Texaco Corp. Declaraciones que vienen a demostrar que los inversionistas ven mucho potencial, a pesar de todo, en la región, pero también denotan que no van a entrar si ciertas medidas no se garantizan.

Rafael A. Junquera
Editor