Por Rafael A. Junquera

La lista de razones en favor de la utilización de fuentes de energía renovable en América Latina es tan larga como su geografía y tan diversa como sus recursos naturales. Aún así, únicamente los incentivos adecuados por parte de los diferentes gobiernos pueden proporcionar el ímpetu necesario.

Los políticos de la región han mostrado consistentemente preocupación por el medio ambiente. Dichas “preocupaciones” por si solas han demostrado ser insuficientes a la hora de incrementar el número de proyectos de energía renovable desarroll-ados en Latinoamérica o en cualquier parte del mundo. “La economía, no el medio ambiente, ha demostrado ser más importantes a la hora de tomar decisiones en este sentido”, asegura Arthur John Armstrong, abogado involucrado en varios proyectos de energía renovable en América Latina y Estados Unidos

A pesar de los reconocidos beneficios de las fuentes de energía renovables, el mayor impulsor de este tipo de proyectos, o en definitiva de cualquier proyecto de energía, es su viabilidad financiera. No en vano, y como argumenta Norbert Dwenger, director de Nordex Energy Ibérica SA, “en muchos casos no es un problema de generar energía limpia, sino de producir la energía más barata, punto”.

La liberalización y privatización de los mercados no han ayudado a promover proyectos de energía reno-vable en América Latina debido a que ciertas barreras tradicionales asociadas con este tipo de proyectos no sólo no han sido superadas, sino que, en muchos casos, han sido incrementadas. El capital privado requiere siempre de un retorno a corto plazo lo que provoca que ciertos proyectos, entre ellos los renovables, no sean tan competitivos a la hora de buscar financiación privada.

“Los proyectos de energía renovable puede competir con los hidrocarburos en una base económica si, y únicamente si, quien sea que desarrolle este tipo de proyectos lo hace con el largo plazo en mente”, dice Amstrong.

La intervención del gobiernos mediante la creación de reglas que favorezcan los proyectos de energía reno-vable, es por lo tanto, y ,según expertos de la industria, el factor más importante para la creación de una industria de este tipo de energía. Mediante el marco apropiado el mito de que la energía renovable no es tan competitiva como los combustibles fósiles es falso, dice Dwenger.

La región no puede tomarse como un mercado único ya que cada gobiernos está creando sus propios incentivos. En su mayoría, y al contrario que en Europa, las diferentes administraciones han dejado de lado los subsidios y han optado por incentivos a la hora de pagar, o dejar de pagar, impuestos.

Abundancia de recursos

Los diferentes gobiernos han concluido que hay una necesidad real de diversificar sus fuentes de energía para evitar riesgos asociados con la importación de combustibles fósiles y la volatilidad de las monedas regionales con respecto al dólar, moneda en la que se realizan los pagos por estos insumos. Estas circunstancia, combinada con nuevos adelantos tecnológicos y la riqueza de recursos en muchos lugares de Latinoamérica, han sido mecanismos poderosos para que los gobiernos tomen acciones graduales en este sentido.

Se estima que más de 70 millones de personas en América Latina no tienen acceso a una forma consistente de electricidad. Grandes porciones de la región no están ni siquiera cerca de el entramado energético de sus países y los prospectos de que la parrilla eléctrica sea expandida a estas zonas remotas es improbable.

Nicaragua es un claro ejemplo. La parrilla divide el país en dos zonas prácticamente iguales. La costa del Pacífico, donde vive la mayoría de los ciudadanos, está decentemente cubierta por la red eléctrica. Por otro lado, en la costa Atlántica, la población es mucho menor, está muy esparcida y no está conectada a la red nacional. Lo paradójico es que la costa Atlántica es rica en fuentes de energía renovable, especialmente para el desarrollo de pequeñas plantas hidroeléctricas.

La paradoja nicaragüense es también la latinoamericana. Como en Nicaragua, la región entera es una zona bendecida por los recursos naturales. La mayoría de zonas remotas con poblaciones esparcidas de bajos recursos económicos son ideales para el desarrollo de proyectos de este tipo porque expandir la red es más caro y arriesgado.

Aún así, y a pesar de que esas zonas son ideales para este tipo de proyectos, todavía encuentran barreras de difícil solución. Por ejemplo, y como dice Julie Smith Galvin, directora de planeación de proyectos de ENEL Latinoamérica, es difícil encontrar instituciones financieras que quieran invertir en proyectos que vayan desde el medio millón de dólares a los dos millones. “Hay un agujero, pero están habiendo algunas iniciativas para intentar enfrentar este problema”, dice.

Por otro lado, proyectos fuera de la red nacional tiene también ciertos riesgos originados por la falta de infraestructura. La falta, entre otras cosas, de una empresa de electricidad que se encargue de recolectar los pagos por el uso de la energía con un mínimo de garantías crea una dificultad añadida, lo que provoca que la intervención gubernamental sea necesaria.

Renovables en la red

Entre la clase política en la región no sólo existe el deseo de promover la energía renovable como una solución a los problemas de las zonas remotas, sino que también se pretende que formen parte de la energía en la red nacional. La intención es cambiar la combinación en la generación a favor de la energía renovable para poder utilizar los abundantes recursos naturales y evitar los riesgos asociados con los combustibles fósiles.

“Nicaragua desea enfatizar el uso de estos recursos para poder balancear la matriz energética, que actualmente es demasiado dependiente en energía termal [un 75 por ciento]. Este énfasis está siendo introducido en el la Política Nacional de Energía”, dijo Raúl M. Solórzano, presidente de la Comisión Nacional de Energía en Nicaragua durante una conferencia celebrada en Miami por el Centre for Busniess Inteligence (CBI)

No sólo los países centroamericanos están persiguiendo esta estrategia, los grandes jugadores de la región tienen ambiciones propias en cuanto a la energía reno-vable. Entre ellos Brasil y México están promoviendo mediante nuevas leyes y esquemas regulatorios el desa-rrollo de nuevos proyectos de este tipo. Según Alejandro Peraza, director general de electricidad de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) de México, el país está, desde la creación en 2001 del la Política de Energía Sostenible, promoviendo la construcción de proyectos con “fuertes incentivos para su desarrollo”. Cuan fuertes? Suficientes “para hacer, en muchos casos, que estos proyectos sena posibles”, responde.

Aunque las emisiones de gas son una preocupación en México, el movimiento que ha provocado la nueva regulación está basada puramente en factores económicos. “Estábamos interesados en introducir energía reno-vable debido a los recursos [disponibles en el país], la diversificación y la fluctuación de los precios de los combustibles”. Se calcula que México tiene el potencial de generar 17.000 MW de energía proveniente de fuentes renovables; la actual administración tiene la intención de que el país produzca al menos un 10 por ciento de ese potencial para el 2006.

Debido a la estructura del mercado mexicano, donde sólo la generación está abierta de alguna manera para productores independientes, la energía renovable tiene la posibilidad de cubrir las necesidades de consumidores industriales. “Hay un atractivo para la inversión extranjera ya que la CFE no está interesada en proyectos de 30 o 40 MW”, dice Peraza.

De momento, en México no hay un resultado positivo debido a la nueva legislación, lo que se atribuye según Peraza a que es muy pronto todavía para evaluarla y los inversionistas están estudiando sus implicaciones, “lo que lleva cierto tiempo”.

Aun así, enfatiza que sin las actuales reglas no habría mucho interés en desarrollar este tipo de proyectos. “Estamos viendo mucho interés y estamos cerca del cierre de algunos proyectos concretos”, dice. Una de las muestras que mejor detalla este hecho es La Ventosa, el primer proyecto eólico en el país con una capacidad de 67.5 MW.

Por su parte, las intenciones de Brasil son muy ambiciosas e intentan hacer de las fuentes renovables la fuente primaria de abastecimiento de energía durante el presente siglo. El 26 abril de 2002 se creó PROINFA, programa de incentivos creado para fomentar la gene-ración de energía de los productores autónomos independientes de energía. Durante la primera fase, Eletrobras firmará contratos de compra de energía de 15 años para la implementación de 3.300 MW de energía renovable repartida en tres partes iguales entre biomasa, hidroelectrica y eólica.

Al igual que en el caso mexicano, y aunque PROINFA ya ha contribuido con la creación de 150.000 nuevos puestos de trabajo y 1.500 millones de dólares en órdenes de nuevos equipos, el mayor impulsor de este proyecto fue el riesgo económico de depender de combustibles importados, dice Marcelo Kahled Poppe, se-cretario secretaria de desarrollo de energía, del Ministerio de Minas y Energía (MME) de Brasil.

Hay muchos factores para abogar por el desarrollo de proyectos de energía renovable, pero, al final del día, estas razones no son suficientes a menos que la legislación y la regulación de los diferentes países ofrezcan ciertos incentivos para que sean financieramente proyectos viables. Afortunadamente, los gobiernos han encontrado ellos mismos suficientes argumentos para impulsar la creación de esquemas de mercado que los promuevan.