Durante el mes de noviembre se reunieron en Santiago de Chile representantes de los gobiernos de Chile, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador para anunciar el inicio de un estudio para el desarrollo de un sistema interconectado de electricidad en la Región Andina y que también incluiría a Chile. El estudio tiene como intención determinar la viabilidad de semejante proyecto y será financiado por los cinco países en partes iguales y, muy posiblemente, reciba alguna ayuda internacional pues esta iniciativa cuenta con el apoyo de Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El siguiente paso será lanzar una licitación para asignar a una consultora el trabajo necesario para evaluar los riesgos y beneficios de realizar una maniobra de este calibre.

En principio, la interconexión entre países con diferentes realidades energéticas en materia de electricidad es beneficiosa por la diversificación que se produce. Hay mercados más dependientes que otros en ciertas formas de generar energía, algunas supeditadas a la climatología, otras a los precios y disponibilidad de combustibles fósiles. Las fluctuaciones de disponibilidad de la hidroelectricidad y la térmica se ven atenuadas con interconexiones con mercados con matrices dispares, creando la diversificación que muchos mercados buscan para sus propias matrices pero a gran escala. Mercados como el europeo muestran a gran escala beneficios de crear mercados con grandes economías de escala.

En la Región Andina un sistema interconectado permitiría la financiación de proyectos de mayor tamaño, especialmente hidroeléctricos, que ahora quedan fuera del alcance de países como Perú o Ecuador, a pesar de sus grandes recursos hídricos sin explotar, debido al tamaño de sus mercados.

Otras veces, como el apagón sufrido en el noreste de Estados Unidos hace unos años, la interconexión muestra algunas debilidades y riesgos de estos grandes sistemas, que a pesar de existir no frenan la creación de estas líneas de comunicación eléctrica.

Las interconexiones que se han producido hasta la fecha entre países latinoamericanos han tenido un saldo, por lo general, positivo para los países que las han llevado a cabo. Destaca el caso entre Ecuador y Colombia, donde las importaciones del primero desde el segundo le han salvado más de una vez en el pasado de tener un déficit eléctrico.

Sin embargo, la parte técnica es la menos conflictiva en este tipo de interconexiones que cruzan diferentes pasos fronterizos. Los problemas regulatorios, o de cómo maneja cada país su sector eléctrico y cómo encaja una interconexión en ese esquema, suelen ser más difíciles de tratar. Temas como los precios de la energía eléctrica en cada mercado y el precio de importar y exportar no son tareas que se resuelvan con facilidad.

Más complicado, si cabe, es que países con ideologías políticas dispares o con pasados históricos de difícil reconciliación lleguen a acuerdos importantes en materia energética, pues al final de la jornada el sector energético es crucial para todos ellos y una dependencia vecinal puede ser un arma en contra en futuros conflictos.

Rafael A. Junquera
Editor