Por redacción de Potencia

 julio 2010 – Tras una larga batalla judicial, el gobierno brasileño ha conseguido que los tribunales aprueben el proyecto de construcción de la presa de Belo Monte, cuyo embalse ocupará una superficie de 500 km cuadrados en plena selva amazónica. Esta central hidroeléctrica será la tercera más grande del mundo, sólo por detrás de la presa de las Tres Gargantas, en China, y la de Itaipú, situada entre Paraguay y Brasil.
 
La puesta en marcha de este proyecto para embalsar el río Xingú obligará a abandonar sus lugares de origen a más de 50.000 personas, entre indígenas y campesinos dedicados al cultivo del cacao. Esta situación, unida al gran impacto que una obra de estas dimensiones causará en la conservación del medio ambiente ha provocado que los tribunales paralizasen y volviesen a autorizar el proyecto hasta tres veces. Al final, el gobierno de Luis Inacio ‘Lula’ da Silva ha logrado su objetivo y se ha puesto manos a la obra. Por medio de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel), ha celebrado la subasta por la que se concedió la contratación de las obras a Energía Norte, un consorcio formado por nueve empresas, algunas de ellas estatales, como la Companhia Hidroeletrica de São Francisco, y otras privadas, entre las que destaca la constructora Queiroz Galvão.
 
Según las previsiones de la Aneel, la central hidroeléctrica generará un promedio de 4.571 MW por hora, y cuando el río Xingú –afluente del Amazonas- experimente su máxima crecida anual, la generación eléctrica llegará a los 11.233 MW por hora, según un estudio publicado por ‘El Mundo’.
 
De acuerdo con el gobierno brasileño, la presa de Belo Monte es vital para garantizar el crecimiento económico del país, que irá acompañado de un importante aumento de la demanda de electricidad, puesto que la evolución demográfica de Brasil está en un continuo aumento. Según datos del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), en la actualidad la población total es de unos 193 millones de habitantes, por los 171 millones que había en el año 2000 y los 118,5 de 1980. El crecimiento demográfico se ha reducido considerablemente en la última década, pero la población de Brasil sigue incrementándose.
 
A mayor número de habitantes, mayor demanda de energía. Por ello, Lula se ha propuesto por encima de todo sacar adelante el proyecto de Belo Monte antes de cesar como presidente de Brasil –la Constitución brasileña no permite que un mismo presidente opte a tres mandatos consecutivos-. Sin embargo, el plan que Lula pretende dejar atado y bien atado antes de abandonar el cargo presenta pros y contras muy a tener en cuenta.
 
Entre las ventajas de construir una central hidroeléctrica de tales dimensiones se encuentra, obviamente, la satisfacción de la demanda de electricidad para millones de consumidores. Pero la principal razón para apostar las plantas hidroeléctricas es que se tratan de un medio limpio para producir electricidad, al contrario de lo que sucede con la combustión del carbón o el petróleo o la generación eléctrica por medio de centrales nucleares, que resultan altamente contaminantes y sólo contribuyen a elevar el calentamiento global del planeta. Sin embargo, en lo relativo a la presa de Belo Monte, para lograr el fin de generar energía no perjudique al medio ambiente, se ha decidido emplear un medio que sí lo va a dañar: anegar una gran extensión de la selva amazónica, el principal pulmón de la Tierra y hábitat de numerosas especies animales, algunas de las cuales podrían desaparecer.
 
Aparte del fuerte impacto negativo en el ecosistema existe el mencionado problema del éxodo al que se verán sometidos la población indígena y los campesinos que realizan su labor en esa zona del estado de Pará.
 
El gobierno de Brasil ha asegurado que según su estudio del impacto ambiental las obras no perjudicarán el ecosistema y que ha prometido indemnizaciones a los miles de afectados. Éstos, apoyados por la organización ecologista Greenpeace y por personas de prestigio internacional, como el director de la aclamada película ‘Avatar’, James Cameron, o el cantante Sting, se niegan a aceptar los designios que les impone el ejecutivo de Lula y anuncian movilizaciones.
 
El primer proyecto de Belo Monte se remonta a los años 70. Desde entonces, los pueblos indígenas han presionado a poderosas instituciones internacionales para que no se implicaran en su puesta en marcha, y consiguieron que en 1989 el Banco Mundial no participase en su financiación, informa Generacción. Ahora que el gobierno de Brasil ha obtenido el beneplácito de los jueces para llevar a cabo su plan, los indígenas han anunciado, según informa ‘El Mundo’, que ocuparán la zona donde se desarrollarán los trabajos de la presa, algo que podría poner en peligro los plazos que se ha marcado el gobierno para la puesta en funcionamiento de la central: según sus previsiones, en 2015 deberá empezar a operar y en 2019 tendrán que estar acabadas por completo las obras.