Rafael A. Junquera

Dejando de lado los avances, por pequeños que sean, de UNASUR en materias de integración económica, la región Andina contaba con un plan de integración energético que puede acabar desintegrando debido a las tensiones políticas de la región. La fragmentación Andina no es cuestión de un asunto puntual, las bases militares de Estados Unidos en Colombia, o la incursión de militares colombianos en Ecuador para atacar a las FARC, sino de un problema ideológico antagonístico que se intenta implementar en estas naciones en el largo plazo. Venezuela, Ecuador y Bolivia forman un bloque ideológico que va en contra de las políticas seguidas por Perú y Colombia. Es, de todas maneras, el triángulo Ecuador, Colombia y Venezuela el que está realmente creando la desestabilización en la región a todos los niveles, incluyendo el energético.

Existe aún entre Ecuador y Colombia el intercambio de energía eléctrica que suministra el segundo país al primero mediante dos líneas de transmisión que cruzan la frontera entre ambos países.

Esta interconexión está siendo muy útil para Ecuador, pues le previene la falta de energía, y para Colombia supone una oportunidad de exportar excedente eléctrico y obtener un rendimiento económico.

Según datos del Ministerio de Energía y Minas de Colombia, las exportaciones de electricidad a Ecuador fueron de 661 GWh en el primer trimestre de 2009. Estas exportaciones representaron el ocho por ciento del total consumido en Ecuador durante ese periodo.

De momento el gobierno colombiano advierte de que los problemas políticos con Ecuador no afectarán a las exportaciones de energía, necesitadas por Ecuador por culpa de la reducción en recursos hídricos durante la primera mitad del año. Sin embargo, las relaciones entre ambos países no han mejorado y si la cuerda sigue tensándose su rotura podría afectar a las exportaciones eléctricas, pues la amenaza de un conflicto bélico ya han sido pronunciadas desde Ecuador y Venezuela.

Colombia también exporta energía eléctrica al accidente de Venezuela y desde septiembre de 2008 le ha exportado al país vecino 217GWh, según datos del Ministerio colombiano. Además de estos intercambios de energía eléctrica, ambos países están desarrollando infraestructura para el intercambio de gas natural.

De momento estos desarrollos no se han visto frenados por las continuas desavenencias de las dos naciones en materia política, pero al igual que en el caso ecuatoriano, la cuerda entre Venezuela y Colombia sufre demasiadas tensiones que podrían terminar por romperla.

Estos tres países, debido a esta integración energética, su posición geográfica, sus recursos y poder económico dentro de la región Andina —especialmente Venezuela y Colombia —sostienen un elevado grado de responsabilidad para que la integración energética sea posible no sólo en la región Andina, sino que incluso a nivel de UNASUR e incluso en la propia integración energética de Centro América y cuya puerta de entrada es Colombia y su colindancia con Panamá. Es de esperar que la guerra política quede en verbalidades huecas y que los tres países puedan seguir con sus relaciones económicas y sociales lo más intactas posibles.

Rafael A. Junquera
Editor

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