Estamos tan acostumbrados a que haya mal estar en el sector eléctrico en Latinoamérica en general por parte de todos sus agentes-generadoras, distribuidoras, usuarios residenciales, industriales, los gobiernos, etc- que ya no llama la atención que parezca haber convulsión en prácticamente todos los mercados de la región. Todos se quejan de todos y pocos ponen solución a una situación que en algunos mercados debe ser atajada de inmediato.

Sin embargo, muchos mercados viven en una situación donde los planes para el abastecimiento eléctrico no se pueden planear con calma y parece que la única solución para las administraciones actuales es poner parches que minimicen el impacto de planeamientos que parecen haber sido inadecuados.

Los problemas se amontonan en algunos mercados y aunque no todos sufren de todos los males a la vez, prácticamente ninguno queda exento de padecer más de dos al mismo tiempo.

En Centroamérica, por ejemplo, se pasó a utilizar recursos propios como la hidroelectricidad a depender de combustibles fósiles, principalmente derivados del petróleo. Sólo se ha necesitado una subida de estos combustibles-para nada despreciable-para que otros problemas no tratados afloren repentinamente.

Ahora ya no es sólo cuestión del precio del petróleo y del impacto que éste tiene en las tarifas-y no importa en el fondo quien las pague-sino las ineficiencias para poder cobrar debidamente por la energía, que muchas veces nada tiene que ver con fallas técnicas. ¿Por qué se ha esperado a que haya una situación de crisis para atacar el problema del fraude de energía eléctrica?

El fraude también impacta en los precios enfrentados por los usuarios. Los precios del petróleo están fuera del control de los países latinoamericanos, pero no así el prevenir el fraude de energía.

Quejas por las inminentes subidas de precios están al orden del día en algunos mercados centroamericanos, México, Ecuador y República Dominicana, por nombrar algunos.

En este debate, empiezan a salir a la palestra proponentes de aprovechar únicamente los recursos autóctonos de cada mercado como medida para evitar las importaciones de combustibles fósiles y evitar así las fluctuaciones en sus precios y el impacto que tienen en el sector eléctrico.

Sin embargo, muchos olvidan que ya hubo crisis cuando muchas de las matrices eran sobre dependientes de la energía hidroeléctrica. Chile y Brasil son dos claros ejemplos de como esta sobre dependencia fomentó el uso de otras fuentes de energía, donde el gas natural tomó el protagonismo.

Ahora parece que las renovables, incluyendo la hidroelectricidad, son la tendencia hacia futuro. Es decir, volvemos a ir a golpe de lo que sucede en un momento puntual para planear el futuro. ¿Qué pasará si los precios de los combustibles vuelven a los niveles de hace apenas unos años?

Esta dinámica es negativa en sí misma y es además percibida de manera negativa por los propios inversionistas. La pregunta es, dada la herencia ¿pueden los mercados dejar de poner parches y crear un plan a mediano y largo plazo que mejore la situación actual?

Rafael A. Junquera, Editor