A nivel internacional la energía nuclear parece recobrar fuerza debido a los avances en la tecnología que, entre otras cosas, aumentan las garantías de seguridad. ¿Deben algunos mercados latinoamericanos apostar por esta energía para sus necesidades futuras?

La búsqueda de la diversificación de las matrices energéticas en los mercados latinoaméricanos ha abierto la oportunidad de que nuevas maneras de generar energía, o antiguas que se presentan renovadas, sean participes de la oferta. Sin duda, el gas natural y las energías renovables están acaparando la atención. Por ejemplo, en México el gas natural será el combustible fósil más utilizado en el país para generar energía al cambiar de década. Mientras en países como Chile la idea de depender del gas importado dados los problemas sufridos con Argentina están abriendo vías para fuentes alternativas.

Por otro lado, en Brasil el programa de energías renovables Proinfa hará que fuentes de energía renovable, especialmente eólica, hidroeléctrica a pequeña escala y biomasa, tengan una participación en el mercado de generación inimaginable en la década de los 90.

Y en este último mercado, donde viven los recuerdos de la crisis energética como los últimos coletazos de un pez fuera del agua, el lanzamiento del esperado y esperanzador nuevo modelo energético y los destellos de una posible nueva crisis asomando en el horizonte, grupos de interés de fuentes de energía poco utilizadas, como el carbón o la nuclear, aprovechan para anunciar que las fuentes de energía que defienden deben ser parte del plan estratégico del plan de expansión energético.

La Asociación Brasileña de Energía Nuclear (Aben) es de las que considera que la energía nuclear debe seguir creciendo y ser participe de la expansión de generación.


Centrales nucleares Angra I y II en Brasil
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Edson Kuramoto, presidente de Aben, dice que la hidroelectricidad no podrá abastecer toda la demanda y que la nueva capacidad disponible para el país se encuentra en la zona del Amazonas, lo que no sólo es poco práctico debido a su lejanía con respecto a las zonas donde se requiere la energía, sino que su impacto medioambiental tendría un costo elevado. El gas natural exportado o de los recientes yacimientos, dice Kuramoto, es una solución a medio y corto plazo, pues las reservas pueden abastecer al país de manera limitada.

Kuramoto apunta a que Brasil cuenta con la séptima reserva de uranio del mundo, combustible utilizado por las centrales nucleares, y sería interesante que Brasil se aprovechara de ello desarrollando una industria nuclear que además de generar energía crearía empleos directos e indirectos con el desarrollo de esta industria en el país.

Según Kuramoto los precios de la energía nuclear son competitivos en el mercado, ya que son comparables a los ofrecidos por el gas y mucho menores al de las centrales eólicas que se pondrán en marcha bajo el programa Proinfa.

En estos momentos, la energía nuclear en Brasil genera alrededor del cuatro por ciento de la energía eléctrica del país y Kuramoto espera que esa proporción se mantenga en los próximos años, especialmente si finalmente la central Angra III inicia sus operaciones.


Centrales nucleares Angra I y II en Brasil
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Las obras de esta central, que se encuentra al sur del estado de Río de Janeiro, se iniciaron en la década de los 70 con miras a iniciar operaciones en 1984. La falta de capital frenaron su construcción que ha estado paralizada costándole al gobierno 20 millones de dólares anuales para mantener los equipos seguramente resguardados para que puedan ser utilizados en el supuesto que se finalice la obra. Angra III está pensada para ofrecer una capacidad de 1.300 MW y requiere una inversión de 1.800 millones de dólares para ser finalizada.

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Desbloquear la situación de Angra III no es sencillo debido a la división de opiniones dentro del propio gobierno brasileño. El Ministro Jefe de la Casa Civil, José Dirceu, es uno de los defensores dentro del gobierno del uso de energía nuclear por considerar que el país se encuentra en una posición estratégica para ello. No sólo ayudaría a expandir la generación sino que permitiría el desarrollo de toda una industria que traería beneficios económicos y sociales importantes, dice.

Sin embrago tanto la Ministra de Energía y Minas como la Ministra para el Medio Ambiente del país se oponen a la construcción de Angra III debido a que los precios de la electricidad generada no justifican su construcción, dice la Ministra de Energía y Minas, y los residuos generados por la planta son un perjuicio para el medio ambiente, dice la Ministra para el Medio Ambiente.

Brasil cuenta en estos momentos con dos centrales nucleares en funcionamiento Angra I y Angra II con 600 MW y 1.300 MW de capacidad instalada cada una.

La energía nuclear a nivel internacional

Pero el punto en el que más se apoyan agencias como Aben son las necesidades ambientalistas del Protocolo de Kioto, donde está claro a nivel internacional que si no se reducen las emisiones de CO2 inmediatamente el planeta puede sufrir serías consecuencias, como son una subida en el nivel del mar o la extinción de todo tipo de plantas y animales.

Este punto junto con las nuevas medidas de seguridad de los nuevos reactores nucleares son las cartas que se juegan a nivel internacional para justificar la puesta en marcha de nuevas plantas con esta tecnología.

Estados Unidos, país que lleva años sin instalar una central nuclear, ya ha mostrado su intención de reducir sus emisiones de CO2. El país norteamericano genera un 50 por ciento de sus necesidades eléctricas mediante plantas a carbón, uno de los combustibles que más poluciona. La modernización de algunas de estas plantas para reducir sus niveles de emisiones como el reemplazo de otras por otras fuentes de energía, han puesto a la energía nuclear de nuevo en la agenda del gobierno de Estados Unidos.

Así lo expresó el Presidente George W. Bush en su comparecencia ante el senado norteamericano. “El primer paso hacia una mayor independencia energética es aplicar la tecnología para incrementar la producción doméstica [de energía] con recursos energéticos existentes. Y uno de los recursos energéticos más prometedores es la energía nuclear”, dijo. Y añadió: “La tecnología actual ha hecho a la energía nuclear más segura, limpia y más eficiente que nunca. La energía nuclear provee el 20 por ciento de la electricidad de América [en referencia a Estados Unidos], sin polucionar el aire y sin emisiones de gases de efecto invernadero. La energía nuclear es una de las fuentes de energía más seguras y limpias del mundo y nosotros necesitamos más de ella aquí en América”.

El presidente Bush también hizo alusión a que desde 1970 no se ha puesto ninguna planta en marcha mientras en Francia, uno de los países que más uso hace de esta fuente de energía, ha instalado 58 plantas nucleares desde esa fecha.

De todas maneras, es Asia la región con mayor actividad en la construcción de plantas nucleares. La Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en Inglés), decía en un comunicado a mediados del año pasado que de las 27 plantas que estaban en construcción 18 estaban ubicadas en ese continente. Las razones de estas construcciones son la falta de recursos propios para generar energía utilizando otras fuentes de energía, la presión por seguir con el crecimiento económico y el rápido crecimiento de la población.

Pero al igual que la energía nuclear cuenta con promotores alrededor del mundo, incluidos el famoso ambientalista y científico, James Lovelock, que abogó en favor de la energía nuclear para evitar la catástrofe que supone el efecto invernadero en el planeta. Hay todo tipo de grupos ambientalistas, el más notorio siendo Greenpeace, que siguen mostrando públicamente su rechazo a esta fuente de energía.

Con motivo del 19 aniversario del accidente de Chernobyl, Greenpeace en Brasil, en plena campaña para evitar la construcción de Angra III, dijo que las posibilidades de vivir un accidente similar en las centrales nucleares que ahora operan en el mundo, incluidas las dos de Brasil, son reales. Estos grupos además critican que se hable de la energía nuclear para no estropear la atmósfera cuando los desechos de estas plantas son almacenados en el subsuelo y sus efectos a largo plazo pueden ser tan catastróficos o peores que las emisiones de carbono.

En medio de esta batalla tanto Brasil como el resto de países están ante una tecnología cuyos promotores dicen está renovada siendo más eficiente, limpia y, sobre todo, segura y sus opositores aseguran que es la única fuente de energía que con un accidente se puede cobrar la vida de miles de personas. Estas dos posturas equidistantes sólo demuestran que esta fuente de energía es controversial y su desarrollo depende de la tolerancia al mínimo riesgo de un accidente contra los beneficios en su generación.