A veces uno piensa en Latinoamérica y se pregunta por qué las matrices energéticas están tan poco diversificadas. En realidad la pregunta deberían hacérsela prácticamente todas las naciones del mundo que de una manera o de otra tienen una dependencia en uno o dos combustibles-gas, petróleo o agua.

Pues bien, los países industrializados están empujando las barreras de las energías renovables alternativas-viento, biomasa, geotermia y solar- con la idea de evitar las fluctuaciones en los precios de los combustibles fósiles, que algunos se aventuran a decir están en el principio del fin.

En California, que ya saben lo que es sufrir su propia crisis energética, se está planeando la instalación de energía solar para abastecer a 300.000 hogares de la ciudad de Los Ángeles. La idea surge de la empresa Stirling Energy Systems, empresa de ese país que espera desarrollar 20.000 paneles solares que se colocarán en 10 kilómetros cuadrados de desierto. La tecnología planteada por esta empresa difiere de las tecnologías fotovoltaicas en que requiere que los discos solares reciban la luz del sol lo más directamente posible. Este tipo de iniciativas, y otras que puedan surgir, son necesarias para que este tipo de tecnología aumente sus economías de escala y sus precios bajen en el mercado.

Se pretende que la energía producida por este tipo de tecnología tenga un costo que se sitúe a la mitad de la energía fotovoltaica. Esta iniciativa surge con motivo del incremento en los precios del gas y del petróleo, que están impactando los precios de energía en ese país.

California no es el único lugar del mundo donde se está intentando reinventar a las energías renovables para que sean económicamente viables y reemplacen la necesidad de depender de otros combustibles. En Australia están investigando avances en la energía geotérmica con rocas calientes secas (HDR, por sus siglas en Inglés), las cuales dicen pueden llegar a generar más que las reservas de petróleo y carbón del país. De hecho, esta iniciativa se persigue para disminuir la dependencia que este país tiene con el carbón. La primera planta con esta tecnología podría estar operacional en el país en el 2006.

En nuestro editorial de junio mencionábamos como eruditos de la Universidad de Stanford aseguraban que había energía eólica suficiente en el mundo para abastecer las necesidades actuales de energía. Las corrientes marinas, por ejemplo en el golfo de México, son otra de las alternativas que se barajan para aumentar la generación de una manera limpia y sin dependencia en otros combustibles y proveedores internacionales. Es decir, todo vale con tal de encontrar una solución al dilema con los combustibles fósiles.

La tendencia está clara, la idea es sobrevivir con los recursos propios por muy innovadores que sean, pues la energía, o la falta de la misma, en los países desarrollados es una catástrofe económica superior en términos relativos a la que puedan sufrir mercados emergentes ya acostumbrados, y en cierto modo adaptados, a los racionamientos o cortes temporales de energía. Si además, estos “nuevos inventos” son amigables con el medio ambiente, mucho mejor.

Como en todo en esta vida, reaccionar de manera exagerada a los acontecimientos e irse a los extremos no es aconsejable. Por eso, estas iniciativas o soluciones tan dispares y poco convencionales, parecen el camino a seguir dada las circunstancias actuales ¿por qué no probar cosas nuevas por si acaso?. Ahora bien, la viabilidad a futuro y su seriedad en el mercado no se pueden evaluar hasta que los combustibles fósiles tradicionales entren en un periodo de estabilidad y bajada de precios. Si esto llegara a suceder ¿cuántas de estas iniciativas sucumbirían?

Rafael A. Junquera, Editor