El sector eléctrico ecuatoriano lleva varios años en la cuerda floja; el gobierno está trazando un plan de sustentabilidad para el sector basado en el uso de sus recursos hídricos.

Ecuador lleva años bordeando el vecindario de una crisis energética en el sector eléctrico en el cual se adentra cíclicamente debido a la falta de inversión en, las ineficiencias del sistema eléctrico, y ahora, postulan algunos, una mayor dependencia en energía termoeléctrica, afectada negativamente por la subida en los precios de sus combustibles fósiles. Con estos tres factores en contra–falta de inversión, ineficiencias y elevados precios de los combustibles fósiles–, Ecuador, una vez más, puede estar poniendo pie y medio en el barrio de los racionamientos con la obligación de volver a poner un parche pero a la vez trazar un plan de acción que aleje al mercado de los suburbios críticos.


Ecuador apoya el desarrollo de centrales hidroeléctricas
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Actualmente, no hay duda de que Ecuador enfrenta a una crisis eléctrica confirmada por el propio gobierno al decretar el “estado de emergencia en el sector” a principios del mes de octubre. Como primera medida de acción–o parche–el Ministerio de Economía anunciaba que iniciaría una transferencia de los recursos del Fondo de Ahorro y Contingencia, según dictamina el decreto número 683, para poder enfrentar esta emergencia eléctrica.

La medida intenta evitar una crisis que emule a la vivida en el año 2000, cuando los racionamientos de energía alcanzaban en algunas zonas del país hasta las 12 horas de duración.

A la crisis actual, crónica de un suceso anunciado, se le junta la vivida a principios de este mismo año, cuando el gobierno tuvo que pedir públicamente “responsabilidad” energética a sus ciudadanos para paliar la pérdida de 500MW de potencia durante la reparación de central hidroeléctrica Paute, la más importante del país. Parte de este inconveniente se resolvió con la importación de energía desde Colombia.

Curiosamente, Colombia parece ser un mercado espejo donde Ecuador debería mirarse para salir definitivamente de la zona de riesgo en la que lleva instalada ya varias décadas. Colombia también fue en su día un mercado problemático que pudo salir del agujero y pasar de contar con un déficit en la oferta de energía eléctrica a poder permitirse el lujo de exportar a Ecuador.

Como toda crisis eléctrica, el sector sufre pérdida económicas directas e indirectas. Las primeras ya tienen cifras oficiales que no son nada halagüeñas. Según datos divulgados en el primer trimestre de 2007 por Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), las pérdidas económicas del sector se situaban en torno a los 700 millones de dólares, parte de los cuales se utilizan para subsidiar el precio de algunos combustibles y unos 200 millones de dólares se pierden con las ineficiencias, técnicas y no técnicas, inherentes del sector, pero que en este caso están por encima de los niveles aceptables.

Afortunadamente, Ecuador cuenta con recursos propios que bien canalizados y ejecutados pueden poner a Ecuador en una situación de comodidad que incluso le permitiría tener un excedente de energía eléctrico también exportable a otros mercados–Colombia o Perú–en caso de que surgiera la necesidad. Por si fuera poco, los proyectos ya han sido identificados, la mayor parte de los cuales utiliza recursos autóctonos renovables. Ahora sólo falta que el gobierno se las ingenie para poder contar con los recursos financieros, ya sean de fuentes nacionales–las preferidas por la administración–o internacionales–las que posiblemente acaben aportando la mayoría del capital–.

Medidas contra la crisis

Para paliar la crisis actual y empezar a poner soluciones más a largo plazo, el gobierno está preparando una ofensiva para atacar varias de las cuestiones más criticas que afectan negativamente al desarrollo del mercado eléctrico y que impiden que la demanda cuente con una oferta adecuada a sus necesidades. El primer foco de acción pasa por la necesidad de invertir en nuevas centrales generadoras con un claro guiño a volver a contar con una mayor participación de la energía proveniente de plantas hidroeléctricas que principalmente deberían ser desarrollada con capital proveniente de inversionistas locales privados o con fuentes del propio Estado. La idea no es sólo contar con energía eléctrica sino contar con los beneficios económicos que generan estas centrales para que estos sean reinyectados nuevamente en la economía nacional con los beneficios que ello conlleva. El gobierno ya ha expresado que con la participación de capital privado internacional los beneficios económicos de estos negocios son reinvertidos fuera de Ecuador.

Segundo, se quiere frenar la importación de combustibles fósiles mediante la utilización de recursos propios disponibles en la geografía ecuatoriana que todavía no han sido explotados. Como apuntan desde el estado, Ecuador tiene una importante riqueza de recursos hídricos y también eólicos–aunque esta última forma de generar todavía no es tan viable desde el punto de vista económico como las probadas hidroeléctricas. Las renovables se convierten en la principal baza estratégica contemplada por el actual gobierno para sacar al mercado eléctrico de su actual clima de incertidumbre.

Ambos retos, financiación local y la utilización de recursos hidroeléctricos, son soluciones factibles siempre y cuando se consiga el capital en el mercado doméstico y no se cree una sobre dependencia en la hidroelectricidad, pues ésta ya ha demostrado no estar exenta de crear crisis importantes como las vividas en mercados como Chile o Brasil y que obligaron, especialmente al primero, a reconsiderar la estructura de su matriz y optar por incorporar energía térmica a gas.

El gobierno tiene identificados unos 2.766 MW de capacidad en proyectos hidroeléctricos que podrían entrar a operar comercialmente entre 2010 y 2013 y que supondrían una inversión en su construcción y puesta en marcha de 3.400 millones de dólares. De todos estos proyectos el más ambicioso es el denominado como Coca Codo Sinclair con una capacidad de 1.500MW y una inversión de 1.591 millones de dólares para entrar en operación en 2012. Con la construcción de este proyecto Ecuador estaría en disposición de exportar energía en lugar de importar como ha venido sucediendo.

A pesar del énfasis en la hidroelectricidad, la energía térmica, especialmente mediante plantas a gas, puede aumentar nominalmente su participación en el mercado. Plantas térmicas siguen siendo viables como demuestra la puesta en marcha de la central térmica Termoguayas con una capacidad de 150MW y que inició sus operaciones en el último trimestre de 2006. Además, Ecuador podría emular a países como Brasil y desarrollar biocombustibles. Según datos del estado, a finales de 2006 había autogeneradoras que utilizaban el bagazo de caña para la generación de energía eléctrica. En Ecuador estas centrales cuentan con una capacidad instalada total de 73,8MW.

El gran reto: financiación local

Uno de los grandes retos que se está marcando el Estado es poder conseguir financiación local privada o incluso estatal para el desarrollo de los proyectos hidroeléctricos identificados en el país; el gobierno ya parece tener alternativas para conseguirlo.

Una de las primeras posibilidades para conseguir capital para llevar a cabo nuevos proyectos la anunciaba Alecksey Mosquera, Ministro de Electricidad y Energía Renovable, que aseguraba que el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) podría invertir en proyectos de generación eléctrica que le podría ofrecer una mayor rentabilidad que otras alternativas como la banca.

Hay bancas multilaterales interesadas en invertir en el sector eléctrico de Ecuador como son Comunidad Andina de Fomento (CAF) y Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sin embargo, antes de dar luz verde a estas instituciones, Mosquera considera que lo beneficios de estas inversiones se escaparían de Ecuador, mientras que de provenir de una fuente interna estos beneficios permanecerían en el país redundado positivamente en la economía nacional.

“Al financiarnos internamente, estamos incrementando la capacidad del Estado ecuatoriano de generar riqueza”, dice.

Para avanzar en esta dirección se ha integrado un equipo de trabajo que involucra al Ministerio de Economía y Finanzas. En un foro internacional llevado a cabo en Río de Janeiro, Brasil, Mosquera declaraba que la intención del gobierno era invertir 300 millones de dólares anuales en el sector eléctrico. La discusión sobre de dónde proviene la inversión no esconde que el problema de Ecuador es con el suministro de energía, por lo que el gobierno no tiene mucho margen temporal para decidir u ofrecer a inversionistas extranjeros la entrada como socios a estos nuevos proyectos.

Adicionalmente Ecuador está moviendo hilos para poder cooperar en materia energética con otros países de la región ya que la cooperación con países como Colombia han demostrado ser provechosos, por lo menos en cuanto al abastecimiento de energía eléctrica–aún cuando Ecuador ha considerado los precios de importación algo elevados–que en ocasiones han evitado una escasez en la oferta.

En un intento de acercamiento con otros mercado, el Ministro de energía de Ecuador tiene previsto discutir con su homónimo chileno posibles acuerdos de cooperación energética entre ambos países, que incluirían un posible rol de la Empresa Nacional de Petróleo de Chile (ENAP) en Ecuador, especialmente para cooperar en materia de gas natural, fuente que también podría ganar en participación en la matriz energética del país.

El mercado a fines de 2006

Ecuador contaba a fines de 2006 con una potencia instalada de casi 4GW y una potencia efectiva de generación de 3,7GW, excluyendo las exportaciones que se realizan desde Colombia y Perú que añaden una potencia efectiva de 240MW y 110MW respectivamente, si bien está última línea no se utilizó ni en 2006 ni 2007.