Algunos mercados están explorando la instalación de granjas eólicas en medio del mar. En América Latina se ha realizado algunas estimaciones pero su utilización aún está lejos de producirse

Por redacción Potencia

De hecho, en 2008 Estados Unidos se convirtió en el país líder en cuanto a producción de energía eólica así como en su capacidad total instalada. Al cierre de 2008, Estados Unidos contaba con una capacidad eólica de 25.369 MW, superando los 23.902 MW con los que contaba Alemania a finales de 2008. Además, durante ese año, Estados Unidos fue el país donde se instalaron más MW de capacidad adicional con 8.545 MW, por los 6.300 MW instalados en 2008 en China, uno de los mercados que también está rápidamente asumiendo un liderazgo importante en el mercado de la energía eólica. El crecimiento en cuanto a centrales eólicas en Estados Unidos se situó en el 45 por ciento en 2007 y en el 50 por ciento en 2008. Sin embargo, debido a la crisis económica que está afectando a la nación norteamericana, el crecimiento para 2009 se estima en un 20 por ciento con respecto a 2008, lo que no deja de ser una cifra saludable dadas las condiciones macroeconómicas.

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En América Latina la actividad en relación a la energía eólica también sigue mostrando signos positivos con la entrada en operación de nuevas centrales en varios países como México o Brasil, sino que además se empiezan a apuntar naciones que hasta ahora no contaban con centrales de este tipo. Así, países como Chile están mostrando un importante ímpetu que sólo puede verse frenado como consecuencia de la crisis económica global.

La energía eólica tiene un potencial aún por explotar y aunque sigue necesitando de ciertos incentivos para poder ser competitiva con el resto de alternativas convencionales su progresión en el mercado es acelerada a medida que los diferentes mercados buscan no sólo diversificar sus matrices, sino tener más conciencia del medio ambiente y del impacto que la generación de energía convencional tiene sobre éste.

Energía eólica offshore

Además de las ubicaciones de las centrales eólicas en tierra, éstas pueden ubicarse en el mar, lo que se conoce como “offshore”. La ventaja de estas implementaciones es que suelen ofrecer mejores prestaciones que las centrales eólicas en tierra debido a que los vientos en la mar son más constantes, dicen los expertos en la materia.

En América Latina se han realizado algunas mediciones para una posible instalación de este tipo de centrales, pero la actividad es mínima o inexistente debido a que todavía hay muchos proyectos que pueden realizarse “onshore”. Sin embargo, hay países como Reino Unido, Irlanda o Japón, por razones obvias —son islas—están evaluando este tipo de centrales eólicas, ya que entre otras cuestiones, pueden ser más eficientes que las centrales que se encuentran en tierra firme.

En la actualidad existen 10 centrales eólicas offshore en funcionamiento que suman una capacidad instalada total de 587 MW distribuidos en 316 molinos. Todos los proyectos se encuentra en el norte de Europa, en países como Irlanda, Holanda, Suecia, Dinamarca o Reino Unido. Dinamarca es el país líder con este tipo de centrales, no sólo por contar con seis de las 10 instalaciones, sino porque cuenta con las dos centrales de mayor tamaño: Horns Rev con 160 MW de capacidad instalada con 80 molinos y que inició operaciones en 2002, y Nysted con 158 MW de capacidad instalada a través de 72 molinos y que entró en operación en 2004. Esta última central ofrece energía eléctrica a 145.000 familias al año. Además, este país fue el primero en lanzar la primera central en 1991. Dinamarca está evaluando el desarrollo del proyecto Horns Rev II que tendría una capacidad instalada de 200 MW.

La última central de estas características en entrar en operación fue Scroby Sands en el Reino Unido con una capacidad instalada de 60 MW con 30 molinos instalados en 2004. Un año antes había entrado en operación en ese mismo mercado la central North Hoyle con 60 MW y 30 molinos.

Según datos de British Wind Energy Association (BWEA), existen 12 proyectos que están siendo evaluados alrededor del mundo y que de ser llevados a cabo sumarían una capacidad instalada total de 3.280 MW. Es interesante comprobar como los proyectos que se proponen son todos de gran magnitud, revirtiendo la tendencia de las primeras implementaciones que solían ser de menor tamaño. En España, por ejemplo, se planea una de estas centrales con una capacidad de 500 MW. Suecia va más allá y contempla una central de 750 MW. Este mercado tiene otros proyectos de 48 y 72 MW respectivamente bajo estudio. Estados Unidos tampoco se queda fuera y estaría evaluando por lo menos dos centrales eólicas offshore, una de 420 MW y otra de 140 MW.

En Japón se estaría considerando la instalación de varias de estas centrales para reducir las necesidades de importación de combustibles fósiles. Se da la circunstancia de que Japón tiene una elevada dependencia de insumos que no están disponibles en su territorio y la energía eólica offshore se estima podría abastecer a toda la isla en 20 años de llevarse a cabo varios de los proyectos que se están proponiendo para el país nipón.

Aunque la crisis económica puede afectar a algunos de estos proyectos, todo parece indicar que las centrales eólicas offshore serán un importante aliado para muchos de los mercados maduros que necesitan imperiosamente reducir sus emisiones de carbono. En otros mercados como los latinoamericanos, estas centrales pueden tardar más en llegar debido a la riqueza hídrica, de gas natural en algunos mercados y eólica en tierra en zonas cercanas a las poblaciones o industrias que se necesita abastecer. Aún así, la tecnología y sus posibilidades no deben pasar desapercibidas para la región, especialmente si estas centrales son más eficientes offshore.

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