Por un corresponsal de Potencia
 
La energía nuclear cobrará relevancia como una fuente importante de electricidad en Latinoamérica a medida que el continente busca otras alternativas a los exhorbitantes precios del petróleo, de acuerdo a análisis reciente del sector energético.
 
Según reporta la Agencia de Noticias Inter Press Service, o IPS, las fuentes nucleares apenas constituyen el 3.1 por ciento de energía eléctrica en la zona, pero se espera que en los próximos diez años ese porcentaje se duplique si los gobiernos de Argentina, Brasil y México llevan a cabo sus planes.
 
Ya existen señales que el aumento del uso de energía nuclear está en plena marcha: Brasil cuenta ya con dos reactores y se prepara para instalar uno más, mientras que Argentina y México duplicarán la cantidad de reactores nucleares disponibles a la fecha.
 
De acuerdo a estimaciones publicadas por IPS, las actuales centrales tienen una vida útil de 15 y 20 años en México y de 30 y 40 años en Argentina y Brasil, pero los actuales planes buscan prolongar su vida hasta 60 años.
 
En Argentina Cristina Fernández de Kirchner, jefa del Estado, reactivó la planta de enriquicimiento de uranio, Complejo Tecnológico Pilcaniyeu. Las instalaciones fueron actualizadas en el marco del relanzamiento del Plan Nuclear Argentino, de acuerdo a una nota oficial.
 
La necesidad de producir “energía nuclear en un mundo con altos problemas de contaminación y la necesidad de producir energía tiene que ver con la necesidad de fijar metas cumplibles, con la necesidad de mantener el nivel económico que significa mantener los niveles de empleo, consumo y progreso social”, dijo la presidenta.
 
Agregó que su país busca recuperar “las décadas perdidas” en el tema energético.
 
“No vamos a dejar el desarrollo de la energía nuclear porque no nos podemos engañar. Los convoco a todos para que estas cosas sean asumidas por todos como un derecho que tenemos los argentinos de formar parte de los países que forman un gran avance tecnológico.”
 
Argentina, junto a otras naciones con posibilidades nucleares, busca posicionarse en un lugar estratégico el control de las fuentes de energía, en defensa de los intereses nacionales y el desarrollo de la energía nuclear para usos pacíficos, de acuerdo a un comunicado de prensa de la Comisión Nacional de Energía Atómica en ese país sudamericano.
 
Argentina cuenta por el momento con dos plantas que suministran el siete por ciento de la electricidad al país: Embalse, cuya licencia de operación termina en 2014 y Atucha I, la primera central nucleoeléctrica de América Latina y cuya vida útil planea extenderse por una década más.
 
Por su parte, México cuenta con la Central Nuclear Laguna Verde, que cuenta con dos unidades generadoras de 682,5 MW eléctricos cada una, 250 km al noreste del Distrito Federal.
 
La central, que suministra el cinco por ciento del consumo eléctrico del país, es propiedad del Gobierno Federal de México y es administrada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Sus reactores son marca General Electric, tipo de Agua Hirviente, contención tipo Mark II de ciclo directo.
 
Como es el caso en otros países de la región con plantas nucleares, grupos ambientales mexicanos aseguran que la planta representa un impacto negativo al medio ambiente y que opera con mediocres controles de seguridad.
 
Sin embargo, la CFE ha continuamente negado cualquier responsabilidad ambiental o de seguridad. “Aquí no almacenamos plutonio ni bombas atómicas, y Laguna Verde genera cero radiación,” ha dicho Rafael Vega Lara, subgerente de Vinculación y Coordinación de la CFE.
 
Brasil no se queda atrás en el mercado de plantas núcleo-energéticas.
 
Fuentes oficiales han expresado la ambición de convertir a la sexta mayor reserva de uranio del planeta en una importante fuente de combustible nuclear, reporta IPS.
 
Esta potencia sudamericana cuenta con dos centrales ubicadas en la playa de Itaorna, unos 130 km al oeste de Río de Janeiro. Ambas plantas, se estima, proporcionan alrededor del cuatro por ciento de la energía consumida en el país.
 
Como en su vecina Argentina, Brasil ha logrado extender la vida útil de sus centrales de segunda generación de 40 a 60 años.
 
En opinión del científico nuclear Dr Juan Luis Francois, de la Universidad Nacional Autónoma de México, la extensión de la vida útil de estas plantas es importante, aunque organizaciones como Greenpeace Brasil aseguran que las fallas y accidentes “son inherentes a la tecnología nuclear”.