Todo apunta a que el sector de la energía a nivel mundial se encuentra en un punto crítico en su evolución. Las necesidades energéticas van en aumento en todo el mundo, donde los países industrializados son consumidores insaciables de energía y los mercados emergentes empiezan a necesitar niveles muy elevados de energía para seguir con su crecimiento económico.

El debate sobre los efectos de las emisiones de carbono se terminó y el consenso parece total. Desde la comunidad científica, que lleva años advirtiendo sobre el efecto invernadero, hasta los políticos, que se resistieron a ver la evidencia, se coincide en que las emisiones de carbono deben reducirse pues el planeta se está recalentando; cada vez más.

Para reducir las emisiones de carbono, los países industrializados deben lidiar con una herencia histórica que ha demostrado ser perjudicial para el planeta en general. El carbón y la quema de combustibles líquidos predomina en muchos mercados industrializados. En Estados Unidos, por ejemplo, el 50 por ciento de la energía generada es mediante plantas a carbón. China es el segundo país consumidor de carbón, y lo que es más alarmante, cuenta con siete de las 10 ciudades con mayores niveles de polución en el mundo.

La ratificación del Protocolo de Kioto como medida para resolver la progresión del efecto invernadero ha creado una situación económica difícil de resolver, pues rectificar la infraestructura que más emite dióxido de carbono por plantas más limpias no es algo que se pueda llevar a cabo de la noche a la mañana.

Los países emergentes están, por lo general, adoptando energías más limpias como la hidroelectricidad, el gas natural o introduciendo programas para el desarrollo de fuentes de energía renovables como la eólica, biomasa o solar. Las necesidades de los países industrializados y la necesidad de cumplir las metas creará oportunidades para que los mercados emergentes vean la puesta en marcha de más proyectos de energías renovables. De hecho, proyectos de energía renovable que antes eran inviables financieramente hablando empiezan a serlo gracias a los créditos de carbono.

Pero el problema para los países industrializados no pasa únicamente por comprar las emisiones de

carbono de otros países en vías de desarrollo, sino poder seguir con la expansión energética con tecnologías que tengan un mínimo impacto en la atmósfera.

Mientras la investigación y pruebas en tecnologías como Integrated Gasification Combined Cycle (IGCC) prosigue para hacer del carbón un combustible fósil amigable con la capa de ozono, la energía nuclear vuelve a estar de moda casi 30 años después de que se desestimara por, precisamente, poder tener efectos devastadores contra el medio ambiente.

Y en estos momentos donde la energía nuclear vuelve a ser reconsiderada, aparece un estudio llevado a cabo por Cristina Archer y Mark Jacobson de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, que concluye que el desarrollo de energía eólica en ciertos lugares del planeta podría abastecer todas las necesidades energéticas. Es decir, los investigadores aseguran que en todas las regiones del mundo hay condiciones suficientes para hacer económicamente viable este tipo de energía.

Las principal implicación de este estudio es “que la energía eólica, para la generación de energía eólica barata, está más disponible de lo que se pensaba previamente”, dice Archer.

El estudio dice que en el mundo hay 72 terawatts de energía eólica de Clase 3 sin explotar. En el año 2000 en el mundo se consumió entre 1,6 y 1,8 terawatts que traducido en plantas nucleares requeriría 500 y miles de plantas a carbón.

Es evidente, y así lo reconocen los creadores del estudio, que hay temas prácticos a resolver para que la energía eólica pueda ofrecer semejante potencial.

El hecho de estar hablando de tecnologías tan dispares como la nuclear o la eólica para satisfacer las necesidades energéticas globales sólo demuestra la incertidumbre sobre cómo se va a llevar a cabo esta transición que debe salvar el planeta y ser económicamente viable. La parte positiva de esta historia es que las decisiones sobre el futuro energético del planeta serán tomadas de una manera conjunta jamás vista con anterioridad.

Rafael A. Junquera
Editor