Dicen que nunca llueve a gusto de todos y en Brasil, aunque es el viento de los proyectos eólicos el que no ha soplado a gusto de todos, hay que reconocer el mérito del programa Proinfa. Brasil lleva ya varios años intentando poner la casa en orden en el sector de la energía, algo que parece estar ya por verse durante este año.

El nuevo modelo, como suele ocurrir, tiene mas defensores que detractores, aunque estos últimos hacen todo el ruido que pueden y más. El modelo no es perfecto, como ninguno que se haya ideado por un grupo humano, pero sí que sienta unas bases para que, por lo menos, Brasil no deba sufrir más problemas de energía en años venideros. Las negociaciones y concesiones políticas no son fáciles, hay muchos grupos de interés lo que muchas veces dificulta la implementación de ciertas políticas sectoriales. El nuevo modelo, que ya arranca, tiene como máximo exponente en Proinfa, proyecto del gobierno ideado para la utilización de fuentes de energía renovable en el país. La idea va mucho más allá de diversificar la matriz a favor de generación limpia de polución, sino que persigue mediante la utilización de éstas que zonas remotas tengan acceso a una forma consistente, confiable y asequible de energía. Consistente y confiable para que el desarrollo de esas zonas desfavorecidas se convierta en un hecho reduciendo la brecha con el resto del país. Asequibles para precisamente asegurar que una devaluación de la moneda o el incremento en los precios de algunos combustibles no hagan la generación de energía un obstáculo. Para ello, nada mejor que proyectos renovables con incentivos necesarios para su puesta en marcha.

Los precios marcados por el gobiernos han sido uno de los puntos más controvertidos pues en el caso de la energía eólica empresas como Iberdrola creen se han quedado cortos para que se aproveche todo el potencial de energía eólica en el país. Aún así, los precios marcados siguen siendo lo suficientemente atractivos como para que se superara en más de tres veces la cuota de 1.100 MW para proyectos de energía eólica. Otras restricciones como son la limitante por estado y la posible penalización por aumentar capacidad también han sido cuestionadas por algunos sectores. Lo que nos devuelve al interés mostrado por Proinfa para concluir que el proyecto es un éxito. Y no sólo porque se pondrán en marcha nuevos proyectos de energía limpia para el 2006, sino por todo lo que supone en cuanto a puestos de trabajo e inversión extranjera dentro del sector y fuera como resultante de estas inversiones directas. El éxito relativo de Proinfa, debe marcar la tónica para la puesta en marcha del nuevo modelo.

Y hablando de modelos, no podemos despedir este editorial sin comentar sobre la situación en Argentina, que no sólo afecta a los argentinos sino que a los chilenos. Parece necesario que los gobiernos tengan una elevado grado de participación para asegurar que la industria no se colapsa en momentos determinados. La administración de Kirchner ha tardado mucho en reaccionar antes una crisis energética que estaba cantada, no sólo por analistas de la industria, sino que por los propios jugadores locales que no dejaron de pronunciarse en eventos internacionales sobre la gravedad de la situación en el país.

Tampoco es que las soluciones propuestas por las generadoras fuese el único camino, pero la pasividad gubernamental y los discursos contra las generadoras no ha resuelto nada, y si alguien tiene poder para revertir la situación ese no es otro que el gobierno creando un marco que ayude a la recuperación, algo que parece se empieza a producir, pero que ha tardado más de la cuenta.

Nunca sopla a gusto de todos cuando hablamos de decisiones políticas, pero peor que que haya desacuerdo es que haya acuerdo en la pasividad del gobierno ante situaciones críticas, como ocurría en Brasil, como ahora ocurre en Argentina y como ocurre en México, donde la discusión acerca de la reforma sectorial puede continuar siempre y cuando se garantice el suministro de enrgía a precios razonables.

Rafael A. Junquera
Editor