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El sector energético; un aàƒ±o después

El sector de la energàƒ­a en Argentina necesita urgentemente una soluciàƒ³n que el gobierno no parece atender. De no producirse, el colapso de la industria puede suponer un problema polàƒ­tico mucho mayor para la actual administraciàƒ³n

Por Jason T. Todd, Director y Alejandro Bertuol, Senior Director, Fitch Ratings

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Recientes acontecimientos en Argentina pueden hacer pensar a muchos observadores que lo peor ya ha quedado atràƒ¡s y que la maltrecha economàƒ­a nacional estàƒ¡ finalmente en el largo y arduo camino hacia la recuperaciàƒ³n. Durante la primera mitad del presente aàƒ±o, esta naciàƒ³n del cono sur ha mostrado indicadores macroeconàƒ³micos y de consumo favorables, ha recibido el desembolso de aproximadamente 1.000 millones de dàƒ³lares del Fondo Monetario Internacional (FMI) y visto una transiciàƒ³n pacàƒ­fica de la presidencia de Néstor Kirchner. Desafortunadamente, el creciente optimismo no ha alcanzado todos los sectores econàƒ³micos. El sector de la energàƒ­a, especialmente el segmento de la generaciàƒ³n, ha quedado firmemente encapsulado en la crisis ocurrida hace 18 meses atràƒ¡s, con los propios jugadores del sector mostrando su pesimismo acerca del futuro màƒ¡s inmediato.

Desde enero del 2001, cuando la administraciàƒ³n del ex presidente Duhalde implementàƒ³ una serie de medidas de emergencia para contrarrestar el colapso de la economàƒ­a argentinaࢀ”incluyendo la pesificaciàƒ³n, revocaciàƒ³n de convertibilidad y la prohibiciàƒ³n de asignar precios o ajustar las tarifas basados en moneda extranjeraࢀ”los generadores de energàƒ­a han sufrido un deterioro dramàƒ¡tico en sus operaciones, en su flexibilidad financiera y a la hora de hacer frente a sus deudas. Hoy, como ya era el caso hace un aàƒ±o, muchos de los proveedores làƒ­deres del mercado argentino se encuentra en la bancarrota y cuestionan abiertamente la viabilidad comercial de sus operaciones debido a la ausencia de reformas sostenibles y sistemàƒ¡ticas en la regulaciàƒ³n del paàƒ­s.

La falta de optimismo entre los participantes del sector estàƒ¡ influenciada por las seàƒ±ales que arroja la administraciàƒ³n de Kirchner, la cual parece estar posponiendo el ajuste de tarifas hasta el 2005 como muy pronto, 36 meses después del colapso en los fundamentos del mercado energético. La prolongada ausencia de una soluciàƒ³n creàƒ­ble ha forzado a muchas empresas a adoptar, de manera indefinida, un manejo diario de sus crisis individuales, estrategia que se originàƒ³ en los primeros meses de la crisis.

Empresas de sectores como la electricidad, el gas y los distribuidores y transportadores de agua han estado intentando renegociar mecanismos que les permita recuperar parte de los ingresos perdidos para compensar el efecto de expropiaciàƒ³n sufrido como resultado de las medidas de emergencia. El objetivo principal de estas negociaciones es asegurar un flujo de caja suficiente para poder mantener operaciones asàƒ­ como permitir un balance que facilite el cumplimiento de sus deudas.

El gobierno no toma medidas

La administraciàƒ³n de Kirchner ha retrasado el tema del posible incremento de las tarifas hasta que se cree una nueva comisiàƒ³n que se encargue de renegociar los contratos en los sectores del gas y la electricidad. La fecha làƒ­mite propuesta para renegociar estos contratos se ha fijado en el 31 de diciembre del 2004, lo que podràƒ­a retrasar la implementaciàƒ³n de las nuevas tarifas hasta marzo del aàƒ±o siguiente. Ademàƒ¡s, existe un antecedente preocupante de interferencia judicial a ajustes de tarifas propuestos. La administraciàƒ³n del ex presidente Duhalde intentàƒ³ en varias ocasiones incrementar los cargos hasta en un nueve por ciento debido a la presiàƒ³n de instituciones multilaterales. En todas las ocasiones, de todas maneras, las cortes bloquearon estas iniciativas de incremento.

Los participantes en el mercado mantienen que la actual situaciàƒ³n es insostenible. Mientras que recientes estudios apuntan a que las tarifas del gas podràƒ­an ser ajustadas entre un ocho y un 10 por ciento para el àƒºltimo cuarto del presente aàƒ±o, principalmente para ayudar a restablecer las reservas de gas, otros sectores regulados no anticipan ningàƒºn ajuste material hasta después de diciembre del 2004.

Aunque es indudable que el reajuste en el gas alivia en parte la situaciàƒ³n, el incremento potencial en las tarifas del gas es percibido por muchos como un mero gesto de cara a la galeràƒ­a, dada la dislocaciàƒ³n econàƒ³mica generada por la devaluaciàƒ³n de la moneda en un 67 por ciento aproximadamente y un 41 por cierto en la inflaciàƒ³n registrados desde principios del 2002.


Las tarifas estàƒ¡n màƒ¡s congeladas que un glaciar
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El abandono de un marco basado en las leyes de mercado ha restringido la capacidad de generar flujo de capital a los participantes regulados de la industria. Como resultado, muchas de estas empresas han reducido sus gastos de capital a niveles bàƒ¡sicos para no tener problemas de operaciàƒ³n. El mercado y sus participantes tiene suerte de que el sistema entero esté en muy buen estado después de las privatizaciones en la década de los 90.

Los niveles histàƒ³ricos de inversiàƒ³n durante esa década han creado un “colchàƒ³n de activos” con respecto a la confiabilidad que ha permitido por el momento a la industria eléctrica, el gas natural y los sectores del agua mantener sus integraciàƒ³n operacional sin mayores inversiones en mantenimiento y sin grandes inversiones de capital.

De todas maneras este “cojàƒ­n” se estàƒ¡ desinflando y hay una gran preocupaciàƒ³n sobre la capacidad del sistema de mantener un nivel de confiabilidad y calidad del servicio durante el 2004 sin recibir nuevas inversiones. Incluso si se aprueban las tarifas a inicios del 2005 puede no haber tiempo suficiente para desarrollar medidas que eviten fallos en estos sistemas.

Los generadores estàƒ¡n desamparados

Los generadores argentinos enfrentan una crisis inminente que puede poner en peligro la viabilidad de todo el sistema eléctrico. Ademàƒ¡s de la pesificaciàƒ³n de los precios, los generadores estàƒ¡n sufriendo una reducciàƒ³n a la hora de recolectar, una contracciàƒ³n de la demanda y un cràƒ³nico desbalance entre los precios “spot” y los precios a pagar por el usuario final.

Es por ello que hay un consenso general entre los participantes privados acerca de que àƒºnicamente una intervenciàƒ³n gubernamental es imperativa para evitar el colapso del sistema; urgencia que no parece ser compartida por las autoridades.

Las compaàƒ±àƒ­as que dependen de pagos por parte de la Compaàƒ±àƒ­a Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAMMESA) han visto como la recolecciàƒ³n de sus ingresos han continuado su descenso de principios de 2002. Aunque las facturas se han ido amontonando, CAMMESA ha sido incapaz de cobrar las cantidades suficientes de los distribuidores para hacer frente a tiempo a la deuda con los generadores.

El tiempo para recibir pagos de CAMMESA se ha prolongado hasta los 45 dàƒ­as, convirtiéndose en aproximadamente el 30 por ciento de las cuentas no cobrables. El incremento de impagables de ciertas provincias estàƒ¡n mayoritariamente atribuidos al creciente uso de monedas no oficiales por parte de los usuarios finales y los distribuidores, y que no son aceptadas por CAMMESA.

Estudios recientes sugieren que en agosto todos los generadores recibiràƒ¡n el 69 por ciento de las facturas de junio. Segàƒºn a un plan creado por la administraciàƒ³n de Duhalde el balance restante seràƒ­a cubierto con un subsidio del estado.

Si el nuevo gobierno federal no respalda este subsidio, los generadores quedaràƒ¡n desamparados, pues otra fuente histàƒ³rica de ayuda, el fondo de estabilizaciàƒ³n, estàƒ¡ vacàƒ­o.


Buenos Aires
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Dicho fondo estàƒ¡ destinado para suavizar la volatilidad de los precios “spot” a los usuarios finales ya que los distribuidores pagan precios relacionados con las estaciones mientras que los generadores pagan los precios del mercado mayorista. Las diferencias entre unos precios y los otros son cubiertos por este fondo cuando es necesario.

En teoràƒ­a el fondo debe tener un promedio cero en el largo plazo. En la pràƒ¡ctica y debido a los efectos de las medidas de emergencia, el fondo esta vacàƒ­o durante un peràƒ­odo en el que deberàƒ­a estar acumulando reservas.

El problema nace del bajo precio en estas fechas en relaciàƒ³n al precio del gas natural y el del petràƒ³leo lo que se traduce en un constante déficit entre el precio pagado por generadoras y distribuidoras. El àƒºltimo ajuste para el precio “seasonal” del gas natural se produjo en mayo de 2002.

Los generadores explican que los precios actuales no sirven ni para sostener las operaciones. Bajo la anterior administraciàƒ³n, el gobierno anunciàƒ³ su intenciàƒ³n de remunerar el “fondo estabilizador” para hacer frente a los déficits de la nueva estructura de precios. Al cierre de esta ediciàƒ³n, la administraciàƒ³n de Kirchner no habàƒ­a definido su posiciàƒ³n en este asunto. Aàƒºn asàƒ­, un subsidio temporal no mitigaràƒ¡ la creciente preocupaciàƒ³n acerca de la viabilidad del sector eléctrico a medio plazo.

Reestructuraciàƒ³n de la deuda

Con respecto a las obligaciones financieras, muchos de los deudores han tenido poco éxito a la hora de llegar a acuerdos con sus acreedores para frenar pagos. Muchas empresas, siguiendo con su incumplimiento de sus obligaciones, han unilateralmente reducido los pagos de su deuda y estàƒ¡n acumulando dàƒ³lares en el extranjeroࢀ”làƒ­quido que seràƒ¡ utilizado para gastos de capital de emergencia o como parte de un acuerdo de reestructuraciàƒ³n de su deuda.

El sector de la energàƒ­a tiene que ver todavàƒ­a una reestructuraciàƒ³n exitosa de la deuda. La base de acreedores estàƒ¡ fragmentada, con prioridades disàƒ­miles y a veces en competencia. La continua ausencia de unos paràƒ¡metros pos devaluaciàƒ³n claramente definidos complican aàƒºn màƒ¡s los esfuerzos de reestructuraciàƒ³n, complicando para todas las partes implicadas el alcanzar un acuerdo en relaciàƒ³n a la forma que la reestructuraciàƒ³n deberàƒ­a tomar.

En su mayoràƒ­a, las empresas de gran envergadura que han sido capaces de asegurar acceso a capital internacional con regularidad estàƒ¡n comprometidas a abrirse y a comunicarse de manera transparente con su base de acreedores. Aunque la ausencia de unos ajustes tarifarios en el caso de las empresas reguladas efectivamente necesita un plan de reestructuraciàƒ³n viable. Los altos ejecutivos tienen claro lo importante que es mantener un diàƒ¡logo constante con sus acreedores.

A pesar del cràƒ­tico estado en el que se encuentra el sector y los continuos incumplimientos de pago muchas compaàƒ±àƒ­as parecen satisfechas con mantenerse a flote por el momento. Su incapacidad de alcanzar acuerdos de reestructuraciàƒ³n combinado con el calendario de pago de la deuda decidido unilateralmente estàƒ¡ permitiendo a las empresas utilizar sus ingresos de operaciàƒ³n para la manutenciàƒ³n de gastos de capital.

Aunque esto se centra en el lado operacional y no financiero del negocio es comprensible dado la crisis de los àƒºltimos 18 meses. Es posible que las continuas dificultades financieras en las empresas de servicios pàƒºblicos resultaràƒ¡ en un claro deterioro en la calidad de los servicios ofrecidos. Paradàƒ³jicamente, esto crearàƒ¡ un reto polàƒ­tico aàƒºn mayor para la actual administraciàƒ³n que el impuesto por la actual situaciàƒ³n del sector.

Hoy, la realidad del sector eléctrico no refleja las mejores esperanzas que se tenàƒ­an hace un aàƒ±o. Se esperaba que un nuevo gobierno estabilizara a la industria, apoyara la inversiàƒ³n por parte del sector privado y permitiera una reestructuraciàƒ³n de las deudas corporativas. En vez, la crisis continàƒºa, las empresas siguen sobreviviendo como pueden y sin poder pagar su deuda. El retorno de la flexibilidad financiera y el crédito quedaràƒ¡ estancado por un largo periodo de tiempo. En este respecto el aàƒ±o 2003 desgraciadamente seràƒ¡ demasiado similar al 2002 y el aàƒ±o que viene no pinta mucho mejor.

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