Chile tiene estas tres premisas para poder asegurar que su crecimiento económico no se ve afectado por futuros problemas energéticos

Chile es el país más estable de la región Latinoamericana y el que cuenta con las mejores condiciones para la inversión extranjera debido precisamente a dicha estabilidad económica y política. Sin embargo, este mercado tiene un importante “Talón de Aquiles”: el sector energético y en concreto el sector de la generación de energía eléctrica.

Click here to enlarge image

Después de una temporada de sequía en 1996, Chile optó por diversificar su matriz centrándose en el gas natural, contando que su país vecino sería un proveedor fiable de este insumo; algo que no ha sucedido.

Los cortes de gas importado desde Argentina primero, y la restauración de estas importaciones pero a niveles inferiores a los cortes iniciales han creado cierta incertidumbre en este mercado y una necesidad de explorar todas las fuentes de energía posibles para intentar volver a reaccionar ante una posible crisis energética que afecte, sobre todo, a su desempeño económico. Especialmente importante se ha vuelto este asunto, pues la economía chilena ha mostrado signos de estar desacelerándose el año pasado. En 2006 la economía chilena creció en un cuatro por ciento comparado al 5.7 por ciento de 2005.

Hay varios factores que se atribuyen a esta caída económica que parece no tener una explicación clara, pues el cobre, principal producto de exportación de Chile, ha contado con precios internacionales más elevados de lo que suele ser la media histórica de los últimos años.

Por ello, algunos señalan al sector energético como una de las causas que pueden explicar este desaceleramiento, pues las restricciones de gas provenientes de Argentina han forzado a utilizar otros combustibles que no sólo tienen un precio más elevado, sino que perjudican a la eficiencia de, por ejemplo, las plantas térmicas reconvertidas para poder quemar este combustible.

A pesar de que el Banco Central de Chile estima que el crecimiento económico en 2007 se puede situar entre el cinco y seis por ciento, por encima de la media Latinoamericana, y superior al crecimiento de 2006, una encuesta de Asociación de Exportadores de Manufacturas y Servicios, Asexma Chile A.G., concluye que un 50 por ciento de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) que se dedican a la manufactura creen que sus ingresos económicos se verán afectados por el alza en los precios de la energía eléctrica y el petróleo.

Especialmente preocupa a las Pymes el precio de la energía eléctrica que, según un 15 por ciento de las empresas consultadas, aseguran que el incremento en este concepto ha podido llegar en ocasiones a ser un 50 por ciento más elevado. El 85 por ciento de estas empresas dicen haber sufrido incrementos que van desde el 10 al 30 por ciento. Y esto es muy importante cuando el 70 por ciento de estas empresas dependen principalmente de la electricidad para producir y un 27,5 por ciento dependen de una combinación de gas natural, petróleo y electricidad para llevar a cabo sus actividades.

Un plan de choque

No se puede decir que Chile esté de brazos cruzados para paliar la situación energética del país que se ve agravada por la falta de recursos propios a excepción de importantes recursos hídricos, que también cuentan con trabas por parte de grupos medio ambientalistas.

Endesa Chile se encuentra en esta encrucijada con el desarrollo del proyecto hidráulico en la región de Aisén que involucra una inversión de 2.400 millones de dólares para la construcción de varias centrales. Dicho proyecto cuenta con la oposición de grupos que defienden el medio ambiente y Endesa Chile se defiende argumentando que la planificación del proyecto se lleva a cabo intentando minimizar su impacto medio ambiente.

Pero al margen de este tipo de trabas y de los recursos hídricos existentes, Chile está evaluando varias alternativas para asegurar una diversificación de su matriz energética, así como buscar alternativas para contar con más proveedores de gas natural.

Para la diversificación de la matriz, Chile está considerando desde la energía nuclear, que también cuenta con muchos detractores en ese mercado, como nuevas fuentes como la energía eólica, los biocombustibles o incluso seguir utilizando el diesel, ahora empleado por algunas plantas térmicas como medida de emergencia.

Todas estas opciones tiene sus inconvenientes. De hecho el primero contra tiempo serio podría venir del diesel, combustible que se viene utilizando en sustitución del gas natural que solía ser importado de Argentina. Al parecer las generadoras estarían teniendo problemas con el transporte y almacenamiento de este insumo, aunque fuentes oficiales han asegurado que no hay peligro de falta de suministro. Algunas generadoras han iniciado la construcción de estanques de almacenamiento del diesel, pues las generadoras no tienen muy claro cuanto va a crecer la demanda y cuanto de este combustible necesitarán. Lo que sí saben las generadoras es que necesitan disponer del mismo en caso de que se produzca el aumento en la demanda.

También se está intentando aumentar la capacidad en el transporte del insumo. Este contratiempo se agrava por el hecho de que este insumo debería ser una solución temporal, aunque no se sepa su definición final, una vez la situación con Argentina se normalice, si es que eso llega a suceder, o el gas pueda ser traído a precios competitivos mediante una unidad de regasificación de gas natural licuado. Hay varios proyectos en cartera para traer el gas licuado desde otros países y eliminar la sobre dependencia en Argentina.

Por otro lado, el gobierno de Michelle Bachelet quiere fomentar el uso de los biocumbustibles que, según las estimaciones del gabinete, podrían llegar a cubrir hasta un cinco por ciento de las necesidades energéticas futuras. Y para conseguir este objetivo Chile ha realizado dos maniobras que pueden ayudar a posicionarle como una nación comprometida con este combustible. Recientemente Luiz Inázio Lula Da Silva, presidente de Brasil, visitó Chile donde trató con su homóloga temas relacionados con la integración energética regional y el desarrollo de los biocombustibles. Como consecuencia de la visita las dos petroleras estatales, ENAP por parte de Chile y Petrobras por el lado brasileño, firmaron un tratado para cooperar en el desarrollo de los biocombustibles. “No queremos depender de un solo proveedor, de una sola fuente, y por eso queremos trabajar los biocombustibles, para lo cual estamos haciendo todos los estudios para determinar si es o no una opción viable para Chile”, declaró Bachelet.

El etanol es uno de los biocombustibles que Chile podría utilizar y que cuenta con un importante desarrollo en Brasil. En el propio Chile se llevará a cabo un estudio sobre la viabilidad de los biocombustibles. Dicha prueba correrá a cargo de la Universidad de Tarapacá y cuenta con el apoyo del Ministerio de Bienes Nacionales que le ha cedido a la institución académica un terreno de 500 hectáreas para realizar las pruebas.

El gobierno también quiere ponerse a la vanguardia y entiende que debe hacer esfuerzos para que en el país se desarrolle la tecnología eólica, acuñada en los principales países industrializados europeos y en Estados Unidos. Este tipo de energía es prácticamente inexistente en Chile y tampoco existe un programa especifico, como ocurre, por ejemplo en Brasil con Proinfa, para incentivar los estudios y puesta en marcha de este tipo de centrales de energía renovable. Por último, Chile ya se encuentra explorando la controvertida energía nuclear. En febrero de este año la presidenta Bachelet puso en marcha una comisión para el estudio de este tecnología, a pesar de ser una fuente energética que cuenta con muchos opositores en el país.

El ahorro de energía

Y además de diversificar la matriz en cuanto a fuentes de generación y proveedores de combustibles, Chile está trabajando para contar con un sistema eficiente en el uso de energía y de ahí que se creara hace un año el Programa País de Eficiencia Energética (PPEE).

Según datos de este organismo, si Chile logra ahorrar un 1,5% anual en su consumo de energía esto se traduciría en un ahorro económico de 667 millones de dólares anuales.