El sector eléctrico se encuentra bajo máxima presión debido a un inesperado crecimiento de la demanda eléctrica como consecuencia directa de la bonanza económica

Perú vive una de esas situaciones peculiares por las que un buen desempeño económico se convierte a su vez en su propia enfermedad. El fuerte despeño de la economía peruana en sectores como el minero o la manufactura está poniendo una inesperada presión sobre uno de sus pilares: su abastecimiento de energía eléctrica.

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Durante 2008, la economía peruana sigue mostrando signos de encontrarse en una etapa de plena expansión. De enero a julio el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) se situaba en el 10,4 por ciento, mientras que el crecimiento del último año se situó en el 9,8 por ciento, según datos de Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) de ese país.

Esta tendencia económica positiva se viene dando desde hace un par de años, provocando un incremento en el uso de la energía. Así, la demanda de energía creció en un ocho por ciento en 2006, un 10 por ciento el año pasado y, en lo que llevamos de 2008, el ritmo es del 12 por ciento, dicen cifras del Ministerio de Energía y Minas (MEM). Estos valores–al igual que sucede con la economía en general–son significativamente superiores a los estimados para garantizar el suministro, los cuales situaban el crecimiento de la demanda de energía eléctrica en torno al siete u ocho por ciento anual.

Al fuerte crecimiento económico se le suma una escasez de agua debido a la falta de lluvias que deja a las hidroeléctricas con pocas reservas. Estas centrales son el principal motor de abastecimiento de energía eléctrica del país aportando en condiciones normales cerca del 70 por ciento de la demanda. Con la falta de reservas, las centrales hidroeléctricas están operando al 80 por ciento de lo que sería su capacidad en condiciones normales en esta época del año, según datos del MEM.

Además, según el INEI, la sequía también está afectando al caudal de los principales ríos del centro del país y aquellos que desembocan en el Océano Pacífico, los cuales vieron disminuido su caudal en un 39 por ciento con respecto a su media histórica en el mes de mayo.

¿Falta de inversión?

Perú es uno de los países de la región que empieza a contar con condiciones muy favorables para atraer nuevos inversores al sector eléctrico debido a su fortaleza económica y estabilidad política, que concuerda con una agresiva política de atraer a inversores extranjeros a su sector de hidrocarburos, justo en un periodo donde sus vecinos, entre ellos Bolivia y Venezuela, parecen cerrarles las puertas. Dada la relación entre los hidrocarburos y el sector de la energía eléctrica, una mayor actividad en el primer sector sería un disparador para futuras inversiones en el segundo.

Los datos del MEM sobre la inversión en el sector eléctrico en los últimos años muestra una tendencia positiva que parece se mantendrá en los próximos años, si se cumplen las propias previsiones ministeriales.

En 2003, por ejemplo, se invirtieron en el sector 235 millones de dólares. En 2005 la cifra aumentó hasta los 394 millones. El año pasado se alcanzaron los 629 millones de dólares. Este año la cifra cuadriplicará la inversión de 2003 con 983 millones de dólares. Algunos analistas estiman que estos esfuerzos no son suficientes.

Para los próximos años se requiere una importante inversión para poder mantener el crecimiento de la demanda en el Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN), proyectada por parte del MEM en el orden del 7,3 por ciento anual hasta 2015. Para cumplir estas expectativas de crecimiento, que algunos analistas creen son demasiado conservadoras y de ahí gran parte del problema actual, se requiere instalar 3.600 MW de nueva capacidad, de los cuales 2.540 MW provendrían de plantas térmicas y 1.065 de centrales hidroeléctricas.

Aunque la mayoría de la nueva generación provendrá de plantas térmicas e hidroeléctricas, las energías renovables no convencionales también jugarán su papel protagonista en esta expansión del sector, especialmente la generación eólica, ya que hay empresas interesadas en el desarrollo de este tipo de centrales gracias a las interesantes condiciones eólicas de la geografía peruana.

En este sentido, el gobierno peruano firmó recientemente un Memorándum de Entendimiento con Estados Unidos para la cooperación en temas relacionados con las energías renovables no convencionales. Este memorando tiene sobre todo especial interés en el desarrollo de combustibles limpios.

Crisis o no crisis

Todavía el mercado no parece sufrir de un racionamiento planeado para poder abastecer a todos los usuarios, situación que viene adornada con algunos apagones sufridos por algunos de los grandes consumidores.

Parece que la coyuntura energética se percibe de forma diferente según el interlocutor que la cuente. En un extremo se encuentran algunos expertos, las empresas mineras y la asociación que defiende a la industria de la manufactura, estas dos últimas grandes consumidoras de energía y, en parte responsables, del buen momento económico del país. Estos dos grupos culpan al gobierno de la situación actual, que les preocupa por poder afectar negativamente a sus intereses.

Por otro lado, Rafael Laca, experto en materia de energía, aseguraba en un programa de radio que Perú podría enfrentar una crisis energética en 2011, justo cuando termina el mandato del actual presidente de la nación.

Laca criticaba al Ejecutivo por no estar por la labor de resolver el dilema interno por estar pensando en construir centrales hidroeléctricas que podrían exportar su energía a Brasil. Estos posibles planes le parecen a Laca inapropiados teniendo en cuenta que en noviembre y diciembre es cuando el sistema peruano de electricidad realmente se verá bajo presión.

Todo lo contrario piensa la Administración que considera que entre octubre y septiembre, con la llegada de las lluvias, la situación se relajará al obtenerse mayores reservas.

A pesar del llamado del gobierno a la calma y asegurar que se está trabajando para asegurar el suministro de energía eléctrica, ha sido el propio ente público quien parece haber dado parte de razón a los que creen que Perú ya se encuentra inmerso en una crisis energética.

La primera luz de alarma llegó con la autorización del gobierno para que las generadoras estatales tuviesen la capacidad de alquilar generadoras diesel para ser utilizadas en caso de emergencia. Según esta medida, estos generadores diesel aportarán 400 MW al sistema como reserva, ya que precisamente Perú no cuenta con los 1.000 MW de reserva que suele tener el sistema peruano–aunque según las características del mismo Perú, este mercado debería tener 1.700 MW de reserva por su elevada dependencia de la hidroelectricidad.

No se terminan aquí los problemas, pues la utilización de generadores diesel supone un encarecimiento de los precios de la energía eléctrica consumida en el país. Esta posible alza en los precios no han sentado bien a los grandes consumidores, que advierten que una subida en la factura eléctrica puede disparar la inflación en el país.

El gobierno, realiza maniobras para ir compensando estas voces de alarma mediante la difusión un comunicado en el que aseguraba que de no contar con las reservas de gas natural de Camisea, Perú contaría con unos precios de energía eléctrico que se ubicaría entre las tarifas “más caras del mundo”. Según el Ministerio de no tener a Camisea la tarifa eléctrica sería de 219 dólares el megavatio hora. Con Camisea la tarifa está en 32 dólares el megavatio hora.

Pero lo cierto es que las centrales a gas natural, que en parte podrían paliar la situación sin encarecer el precio de la factura eléctrica, tampoco están funcionando a su total capacidad debido a la congestión que se produce en el gasoducto que proviene del propio Camisea y que abastece a estas centrales termoeléctricas. Debido a la creciente demanda por este insumo a todos los niveles el ducto quedó desfasado en su capacidad de transporte El gobierno llegó a un acuerdo con Transportadora de Gas de Perú para ampliar la capacidad del ducto en los próximos 18 meses.