Por un corresponsal de Potencia

29 de abril 2013 – La mayoría de países de América Latina están llevando a cabo una importante reestructuración de sus sistemas de energía, el aumento de la contribución de las nuevas fuentes de energía renovables como la eólica y solar. Sin embargo, la fuente de energía renovable tradicional de la región, la energía hidroeléctrica sigue siendo importante.

Pero dentro de las energías limpias todavía representan un papel esencial las centrales hidroeléctricas. Su importancia está siendo clave, y un ejemplo claro es el de Brasil, que en los tres próximos años afronta importantes retos para los que será imprescindible asegurar el suministro: el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, a celebrar en Río de Janeiro.

A comienzos de 2013, el país más extenso y con mayor población de América Latina sufrió una grave sequía que redujo drásticamente el nivel de los embalses. En aquellos momentos cobró fuerza la idea de aplicar cortes de luz para hacer frente a la situación, lo que mostraba el carácter esencial que las plantas hidroeléctricas tienen en la matriz energética del país. Finalmente el gobierno acalló los rumores y el país superó la crisis recurriendo a aumentar la actividad de las centrales térmicas.

Si Brasil y cualquier país del entorno desean reducir el uso de las energías contaminantes, aumentar el número de centrales hidroeléctricas se impone como la solución más rápida y eficaz.

Los gobiernos de Brasil y Paraguay gestionan de forma conjunta la central de Itaipú, la segunda represa más grande del mundo, sólo superada por la hidroeléctrica de las Tres Gargantas, en China. La planta lleva varias décadas de actividad y está sometida a una continua renovación.

En el lado paraguayo de Itaipú ha sido noticia recientemente la llegada del cuarto transformador de 500 KW para la Subestación Villa Hayes. Así lo informó la compañía Itaipú Binacional en un comunicado.

América Economía agrega que el próximo mes de junio entrarán en operación los cuatro transformadores destinados para la citada subestación. Tras ese periodo de prueba, se espera que en julio sea inaugurado el primer banco de transformadores.

El coste de cada uno de estos transformadores supera los dos millones de dólares. En noviembre se pondrá en funcionamiento un segundo grupo de transformadores, que también serán cuatro y contarán con la misma potencia que los de la primera fase.

En Brasil, los planes hidroeléctricos del gobierno se centran ahora en la salida adelante del proyecto de Belo Monte, una central hidroeléctrica que ha despertado una gran controversia con organizaciones ecologistas y las poblaciones indígenas de la selva amazónica.

La planta aprovechará aguas del río Xingú y según las previsiones gubernamentales, anegará más de 500 kilómetros cuadrados de jungla, un hecho que provocaría el desplazamiento de unos 50.000 indígenas y campesinos, indica la agencia de noticias Servindi.

Las protestas contra el proyecto han sido reiteradas durante los últimos años y continúan a día de hoy. La situación ha causado que el gobierno enviara efectivos de la Policía Federal al emplazamiento donde se está levantando la presa con el fin de evitar que los activistas perjudiquen los trabajos de construcción.

Fuera del territorio brasileño el megaproyecto hidroeléctrico que más está dando de qué hablar es sin duda el de HidroAysén, en Chile. El gobierno de ese país ha planteado un claro objetivo para el año 2020, consistente en lograr que en esa fecha el 20 por ciento de la producción eléctrica proceda de energías renovables no convencionales.

El Ministerio de Energía de Chile define como energías renovables no convencionales a la eólica, la biomasa, el biogás, la geotermia, la solar, la mareomotriz y las hidroeléctricas con capacidad igual o menor a 20 MW.

HidroAysén, evidentemente, no entra en esa categoría. Este ambicioso proyecto, que se acometerá en la XI Región (sur del país) incluye cinco centrales hidroeléctricas: dos de ellas en el río Baker y otras tres en el Pascua. Su superficie total cubre casi 6.000 hectáreas y el conjunto de las cinco plantas sumará 2.750 MW al Sistema Interconectado Central, con una capacidad de generación media por año de 18.340 GWh.

Endesa y Colbún se ocupan del megaproyecto, que ya cuenta con la aprobación de impacto ambiental, destaca el diario ‘La Tercera’. La importancia de HidroAysén muestra que el futuro energético de Chile seguirá dependiendo de las centrales hidroeléctricas.

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