Por un corresponsal de Potencia
 
En el 2004 Argentina se despertó a una cruda realidad.
 
La nación latinoamericana experimentó una grave crisis energética como resultado del incremento de demanda de gas natural ha medida aumentaban las demandas energéticas de la población los recursos naturales no dieron abasto.
 
Desde entonces, el país ha sido consciente de los esfuerzos necesarios para diversificar sus fuentes de energía y la energía eólica ha tomado particular prominencia.
 
La Cámara de Energía Renovable de Argentina (CADER) cree que el país tiene un gran potencial en el campo de la energía eólica. Se basa en un reporte de la Universidad Nacional de Comahue, en el que se asegura que la región de la Patagonia podría general alrededor de 200 GW en energía eólica.
 
Sin embargo, el país apenas está utilizando un 2 por ciento de su potencial.
 
De acuerdo a un reporte de El Cronista Comercial, ya existen 32.2 MW de energía eólica instalados en el país, incluyendo los 2.1 MW del parque eólico Arauco con sus 12 turbinas. El proyecto aún está en proceso de construcción.
 
El impulso del uso de energía eólica en Argentina todavía tiene el potencial de ser mucho mayor gracias a la introducción de nuevas leyes que podrían ayudar a incrementar el uso de este tipo de energía hasta en un 8 por ciento para el 2016.
 
Por el momento, el 50 por ciento de la energía renovable en el país es eólica. De acuerdo a la Secretaría de Energía de Argentina, el uso de la energía eólica proporcionará electricidad a un millón de personas en el 2025.
 
Argentina también se ve como un país apto para este tipo de energía porque el 70 por ciento de su territorio está surcado por vientos aprovechables, según CADER.
 
Otros beneficios que trae con si el uso de energía eólica incluyen la diversificación en el aprovechamiento de las fuentes de energía y promueve además una estabilización de los precios de energía, que a la larga contribuye a la economía en general.
 
El uso de la energía eólica también promueve la creación de puestos de trabajo calificados y promueve el desarrollo de las economías locales con la construcción de los parque eólicos fuera de las áreas urbanas.
 
Argentina ha puesto énfasis en esos beneficios desde hace algún tiempo. En la región de la Patagonia, el país ha construido algunos parques eólicos que de hecho ya están conectados a redes de servicio público administradas por las cooperativas de energía local.
 
La región de la Patagonia se ha convertido en una zona particularmente prominente en la construcción de parques eólicos debido a la dirección, velocidad y constancia de los vientos en ese lugar.
 
Aparte de su habilidad de maximizar el uso de la energía eólica, Argentina también se ha convertido en fabricante de la tecnología y el equipo necesario para construir los parques eólicos.
 
En el verano del 2010, el gobierno lanzó una licitación para proyectos con una capacidad de 754 MW en generación de energía eólica y otras fuentes de energía. En total, 21 compañías presentaron 51 proyectos, un signo del creciente interés en el sector de la energía renovable en el país. Como resultado de estos proyectos, se espera se creen 7,000 nuevos puestos de trabajo y que se evite la generación de 2 millones de toneladas de carbono.
 
Aparte de futuros proyectos, ya hay parques eólicos en marcha o cuya construcción está por finalizarse. Tal es el caso de Vientos de la Patagonia, un parque cuya turbina de 1.5 MW ya está en funcionamiento. El parque eólico, que está localizado a 40 km al norte de Comodoro Rivadavia, es visto como uno de los mayores generadores de energía eólica en el país con una capacidad futura de 60 MW.
 
A pesar de todas sus ventajas y los esfuerzos llevados a cabo para generarla, la energía eólica también tiene desventajas. Varios técnicos han resaltado los grandes problemas de almacenamiento de esta energía en días con menos viento. Sin embargo, muchos esfuerzos se han hecho para combinar los parques eólicos con paneles de energía solar y generadores de hidrógeno para compensar por la falta de viento.
 
Sin embargo, los beneficios son mucho mayores. Una turbina convencional genera en 6 meses la misma energía usada para su construcción y ensamblaje. Además, las turbinas casi no generan ningún tipo de gases de efecto invernadero.